Washington - Las caras largas han desaparecido del Pentágono. En la jornada 39 a de la guerra, cuando el efecto dominó se aproxima a Kandahar, la capital espiritual del poder talibán, ya son historia las voces que consideraban insuficiente el esfuerzo militar norteamericano contra un adversario que no podía ser derrotado desde el aire. La guerra, que hace una semana se decía estancada, ha desembocado en una desbandada de los talibanes.
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Los bombardeos no lo explican todo, evidentemente. Los ataques aéreos destrozaron los sistemas de comunicación talibanes hasta tal punto que, según «The Washington Post», los militantes islámicos «recogían su información de los boletines de noticias de la BBC y la transmitían a sus jefes por correos a caballo». Pero, una vez bombardeados, los talibanes han perdido el poder como lo ganaron en 1996: sin grandes combates y con armas poco convencionales como la traición, el soborno, la cooptación y la persuasión de que permanecer en el bando equivocado sólo conduce a perder la vida.
La atención está ahora centrada en la suerte de Kandahar, aunque los talibanes insisten en que su retirada es simplemente táctica. El Pentágono, a la vista del desorden que ha caracterizado esta retirada, no lo ve así, por lo que ha cambiado sus prioridades. «Lo prioritario es ahora dar caza a los líderes de los talibanes y de Al-Qaeda; la segunda prioridad es la destrucción de la maquinaria militar», afirmó Donald Rumsfeld, secretario norteamericano de Defensa, quien confirmó que «algunos líderes talibanes ya han muerto».
Pero si Kandahar cae y Osama bin Laden sigue en cueva desconocida, ¿cómo será la siguiente fase de la guerra antiterrorista? Rumsfeld señaló tres posibles conductas de los talibanes: «Que se reorganicen en el Sur, que deserten o que huyan y se pierdan en el interior del país».
Los talibanes insisten en que sólo han protagonizado una «retirada táctica» y que se están reorganizando para iniciar una guerra de guerrillas. Para los observadores occidentales, tal propósito parece obedecer más al optimismo de la voluntad que al pesimismo de la inteligencia.
• Nuevo problema
Sea como fuere, el escenario militar después de la caída de Kandahar plantea otro problema a la coalición encabezada por Estados Unidos. El poder talibán ha sido destrozado, la ONU aún se devana los sesos para dar con la fórmula mágica del futuro gobierno y George Bush y Tony Blair ya han afirmado que la ofensiva militar continuará hasta el final de Osama bin Laden. Pero si la guerra debe continuar, ¿cuál será su forma? Los llamamientos para que se suspendan los bombardeos de la coalición a causa del Ramadán, que empieza hoy, o por razones humanitarias pueden intensificarse después de Kandahar.
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