«Desde que en 1950 empecé a trabajar en la construcción de SOMISA, la enorme acería del Estado, los campamentos se fueron convirtiendo en centros de reunión a medida que nuestro equipo itinerante de italianos recorría las obras. De los sueños pasamos a los hechos y así creamos la constructora VIMAC.» En estos términos cargados de cariño recuerda Francisco Macri sus inicios como empresario, en su autobiografía «Macri por Macri». Fue justamente en la construcción, un área de la que se alejará en cuanto firme la venta de IECSA y de Creaurban. Su primer socio (de ahí el nombre de la compañía) fue Juan Carlos Vivo, pero a lo largo de los 57 años que estuvo en la actividad, tendría muchos más, algunos de los cuales seguramente preferirá no recordar al momento del balance. Otros sí: la brasileña Camargo Correa, Dragados y Construcciones (España), la alemana Hochtiet y la italiana Impregilo (Italia).
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Orgulloso de su pasado como constructor, relata, sin embargo, que esa pasión le acarreó no pocos problemas en el frente familiar. Por caso, cuenta allí que para su esposa Alicia fue «un verdadero shock ver a su marido volver a casa como un vulgar obrero de la construcción en vez de vestido de traje como los médicos o abogados». IECSA y SIDECO hicieron la Central Nuclear de Atucha I, los puentes General Belgrano, Posadas-Encarnación, la represa de Salto Grande, la planta de Aluar en Puerto Madryn, parte de Yacyretá, las torres de oficinas Fiat, Catalinas Norte, Madero, 9 de Julio (el «rulero»), entre muchas otras. Macri tuvo muchas otras «novias» y esposas (tanto en la vida como en su actividad de empresario): fue quien introdujo en el país la telefonía celular, los pagos extrabancarios de servicios, fue el principal fabricante de autos de la Argentina durante años. Todos esos negocios, y varios más, fueron « novias» de las que no tuvo mayores problemas en separarse.
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