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Esto no es una opinión personal, sino la descripción de los hechos que revela el reciente informe del INDEC, el Instituto de Estadística y Censos que analizo con mi equipo de economistas. Esas cifras, más allá del debate sobre la forma de computar a los beneficiarios del plan Jefas y Jefes de Hogar, muestran que la desocupación ha vuelto a batir su récord histórico. Afecta hoy a 23,7% de la población económicamente activa, contra 21,5% de mayo. También revelan las cifras del INDEC que en estos meses han vuelto a crecer los porcentajes de hogares y de personas en situación de pobreza e indigencia, pese a la existencia de los planes sociales destinados a jefas y jefes de familia.
En la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, la pobreza, que supone ingresos mensuales inferiores a los $ 717, aumentó de 47,9% de la población en mayo a 54,3% en octubre. En el orden nacional, según me proyectan los mismos economistas, aunque todavía no fue procesada la totalidad de los datos recogidos, las estimaciones del INDEC señalan un incremento de 49,3% a 60% de la población. En materia de indigencia, que representa la existencia de problemas de nutrición e implica ingresos mensuales inferiores a $ 324, en la Capital Federal y el conurbano bonaerense esa cifra trepó en octubre a 24,7% y a nivel nacional seguramente romperá la barrera de 25%, contra 22,7% de mayo.
Debo consultar este tipo de datos más de lo que correspondería para el intenso proselitismo preelectoral de estos momentos. Pero afronto el mayor esfuerzo porque siento que en poco más de cien días la ciudadanía nos pondrá nuevamente frente al desafío histórico de conducir la recuperación del país a partir de la terrible encrucijada que grafican estas cifras socioeconómicas.
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