10 de junio 2014 - 00:00

A 2 días de la Copa, caos y violencia en San Pablo

Barricadas, basura quemada, represión policial y corridas. Éstas fueron las postales que entregó ayer la ciudad de San Pablo, donde el jueves se inaugurará el Mundial de fútbol y debutará la selección brasileña. La huelga de los trabajadores del subterráneo está provocando un caos justo cuando comienzan a llegar turistas y dirigentes de la FIFA. Hoy habrá gestiones contra reloj para poner freno al conflicto.
Barricadas, basura quemada, represión policial y corridas. Éstas fueron las postales que entregó ayer la ciudad de San Pablo, donde el jueves se inaugurará el Mundial de fútbol y debutará la selección brasileña. La huelga de los trabajadores del subterráneo está provocando un caos justo cuando comienzan a llegar turistas y dirigentes de la FIFA. Hoy habrá gestiones contra reloj para poner freno al conflicto.
 San Pablo - La Policía de San Pablo dispersó ayer con gases lacrimógenos a manifestantes que apoyan la huelga del subterráneo, en una nueva jornada de tránsito caótico, cuando faltan dos días antes de que esta megalópolis reciba la inauguración del Mundial.

Al cierre de esta edición, los huelguistas en asamblea votaron por interrumpir la medida de fuerza, aunque sólo por hoy, informó el diario Folha de Sao Paulo. Se espera que con el correr del día decidan sus próximos pasos.


Un grupo de unos 150 manifestantes prendió fuego a montañas de basura para bloquear el tránsito en una avenida del centro de San Pablo, cuando la Policía comenzó a lanzar gases lacrimógenos y bombas de estruendo para dispersarlos.

Pero los manifestantes se reagruparon y muchos huelguistas se les sumaron, mientras unos 300 marchaban hacia la Secretaría de Seguridad del estado de San Pablo coreando "¡No habrá Copa, habrá huelga!".

La huelga de empleados del subterráneo plantea una amenaza para el buen desarrollo del Mundial en esta ciudad de 20 millones de habitantes donde el jueves Brasil y Croacia disputarán el primer partido de la Copa.

La Policía también lanzó ayer una bomba de estruendo contra un grupo de unos 70 trabajadores del subte en huelga que entraron a la estación Ana Rosa para convencer a supervisores de unirse a la paralización, denunció el presidente del sindicato, Altino Melo dos Prazeres.

La Policía dejó luego partir a la mayoría, pero detuvo a 13 huelguistas en esa estación. En tanto, el Gobierno estadual, controlado por el Partido de la Social Democracia Brasileña (opositor a Dilma Rousseff) y que controla la operación del subte, anunció que despedirá "por justa causa" a 61 trabajadores que "fueron identificados en actos de vandalismo, de bloqueo físico y que incitaron a la población a saltar los molinetes", anunció el secretario de Transportes, Jurandir Fernandes.

Y prometió más despidos: "Estaremos preparando una lista de todos los que no vienen al trabajo, porque los que no vienen a trabajar por una huelga declarada ilegal y abusiva (por la justicia) ya están incurriendo en una falta gravísima y esto es penalizado con el despido por justa causa", añadió.

El presidente del sindicato calificó esa decisión de "inadmisible", pero al cierre de esta edición se especulaba con una posible negociación.

Según esas versiones, el juego duro del gobierno del estado podría funcionar: los sindicalistas podrían aceptar el reajuste salarial de 8,7% que ofrecen las autoridades -en lugar del 12,2% reclamado- si se reincorpora a los 61 cesanteados. Con todo, la negociación de anoche terminó en fracaso, ante la negativa del gobierno estadual a dar marcha atrás con los despidos ni mejorar la oferta salarial. Las próximas horas serán cruciales.

El subterráneo de San Pablo transporta cada día a 4,5 millones de personas y es fundamental para llegar al estadio mundialista Arena Corinthians. Tres de las cinco líneas operan parcialmente desde el jueves pasado, y provocaron otra vez ayer inmensos embotellamientos de tránsito.

En medio de las protestas, pero sin mencionarlas, la presidenta Rousseff pidió el domingo a la noche "alegría, fuerza y civilidad" a los brasileños, y aseguró que el Mundial será una fiesta.

Con todo, el Gobierno nacional se alineó con su rival paulista y salió a repudiar a los gremialistas. El ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, afirmó que "los huelguistas no pueden anteponer el interés corporativo al interés general. Es importante que reflexionen sobre lo que están haciendo. Tenemos que cumplir lo que dijo la Justicia del Trabajo, que declaró ilegal a la huelga".

Arthur Lessa, un empleado del subterráneo en huelga, se queja de que su salario de 1.300 reales (580 dólares) por mes no le alcanza para mantener una familia.

Además de declarar la huelga ilegal, la justicia impuso el domingo al sindicato una multa diaria de unos 227.000 dólares si los trabajadores no retoman sus labores tras el fallo. Decidió asimismo mantener la multa de 100.000 reales diarios (45.000 dólares) desde el comienzo de la huelga hasta el fallo del domingo.

La paralización del subterráneo se enmarca en una serie de protestas y huelgas que han sacudido el país en las últimas semanas al acercarse el Mundial, protagonizadas por conductores de autobús, policías, vigilantes de bancos o profesores.

Las calles paulistanas fueron ayer un infierno. Retrasos de más de dos horas han sido comunes en estos días como consecuencia del que es ya el segundo mayor paro en la historia de ese medio de transporte público en San Pablo. En 1986, el subterráneo estuvo parado durante seis días.

"En estos últimos siete años, desde que nos concedieron el Mundial, las mejoras en el transporte han sido nulas", asegura Gustavo, empresario que hace el puente aéreo Río de Janeiro-San Pablo unas 200 veces por año.

Aguardaba, como los cientos de viajeros más que aterrizaron ayer a la mañana en el aeropuerto de Congonhas, en una cola kilométrica para tomar un taxi que lo llevara al centro de la ciudad. Su espera se prolongó por más de una hora.

Los taxistas no daban abasto. No hay taxis suficientes para transportar con rapidez y eficiencia a los millones de personas que no pueden utilizar el subterráneo, en su quinto día consecutivo de paralización parcial.

Los colectivos eran latas de sardinas en las que no cabía ni un alma más. Los pasajeros hacían cola, durante minutos y minutos, en vano. Pasaban tres y cuatro en la dirección deseada, pero seguía siendo imposible encontrar un lugar en el que meterse.

Agencias AFP, Brasil247, EFE, ANSA, Reuters y DPA, y Ámbito Financiero

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