2 de noviembre 2009 - 00:00

A 20 años de la caída del Muro: foto y polémicas

Mijail Gorbachov, George Bush padre y Helmut Kohl se reunieron para conmemorar el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín y el colapso del comunismo. Pocos recuerdan que al entonces canciller alemán no le sobraban los aliados.
Mijail Gorbachov, George Bush padre y Helmut Kohl se reunieron para conmemorar el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín y el colapso del comunismo. Pocos recuerdan que al entonces canciller alemán no le sobraban los aliados.
Los actos de recordación del 20° aniversario de uno de los acontecimientos más impactantes del siglo XX -la caída del muro que dividía a Europa en dos sistemas antagónicos en lo político, ideológico, económico y militar- se iniciaron con la reunión de tres de sus protagonistas: el ex canciller Helmut Kohl, padre del euro y de la reunificación alemana; el ex presidente estadouGeorge Bush padre, ferviente sostén de ese proceso; y el último presidente soviético Mijail Gorbachov, promotor de la reforma del sistema comunista.

Es una foto que le hace justicia al papel que los tres, con diferentes niveles de compromiso y visión, desempeñaron en aquella etapa.

Hay una ausencia, sin embargo: falta, porque ya no es de este mundo, el cuarto artífice de ese proceso, quizá el pionero, Karol Wojtyla, el Papa polaco cuya entronización a la cabeza de la Iglesia de Roma abrió la primera grieta en el Muro.

En 1980, los obreros de los astilleros de Gdansk, alzados contra el régimen comunista polaco, esgrimían la imagen del Papa como bandera de lucha. Un año antes, el flamante pontífice había visitado Polonia desafiando al régimen con su llamado a abrir fronteras.

Por aquel entonces, el comunismo no sólo estaba lejos de ser derrotado, sino que todavía peleaba plazas en el mundo: Angola, Mozambique, Afganistán, Nicaragua, etcétera. «¡No tengan miedo!», fue la exhortación del primer discurso de Juan Pablo II. Y detrás de la Cortina de Hierro todos entendieron.

«¿Cuántas divisiones tiene el Papa?», había preguntado una vez Josef Stalin. Peligrosa subestimación de la fuerza de una idea. «¡Ya no hay más Iglesia del silencio -decía Wojtyla, en referencia a la clandestinidad de los cristianos al Este del Muro de Berlín- puesto que ella habla a través de mi voz!».

Enviado papal

En 1988, Juan Pablo II enviaba al cardenal Casaroli a Moscú para abrir el diálogo con Gorbachov y éste le correspondía proclamando que el tiempo de la lucha antirreligiosa había concluido. Años más tarde, recordaría que «nada de lo sucedido en Europa del Este habría podido producirse sin este Papa».

La foto evoca otra peculiaridad. La actual canciller alemana, Ángela Merkel, presente en el homenaje a los tres líderes, era una militante de la Juventud Comunista que nunca había expresado disidencias con el régimen y que la noche del 9 de noviembre de 1989 estuvo totalmente ajena a los acontecimientos. Doctora en Física e investigadora en la Academia de Ciencias de Alemania del Este, no entró en política hasta después del derrumbe del Muro. Pese a ello, Kohl la privilegió políticamente, la hizo ingresar a la Democracia Cristiana (CDU) y ya en 1990 la integró a su gabinete.

Pero cuando su mentor político estuvo bajo fuego judicial y mediático por el financiamiento de su partido -Kohl se negó a revelar los nombres de los donantes a la CDU- ella lo censuró públicamente y desde entonces se ha negado muchas veces a reconocer su papel en una reunificación que hizo posible que ella, alemana del Este, fuese canciller de su país.

Como buena conversa, reserva su agradecimiento para los Estados Unidos. Ciertamente, la unificación de Alemania no se hubiera producido, o no tan rápidamente, sin el apoyo de Bush padre.

Como también es cierto -y la desclasificación de los Archivos del Foreign Office lo acaba de confirmar- que Helmut Kohl padeció tanto la incredulidad interna como la oposición externa de sus pares europeos: el francés François Mitterrand, la británica Margaret Thatcher y el italiano Giulio Andreotti, que no creían en el fin de la Guerra Fría ni deseaban la reunificación de Alemania.

Curiosamente, quien hizo justicia con Kohl fue el socialista español Felipe González, cuando escribió que «después de la tormenta, permanecerá la dimensión histórica de su trabajo», en un artículo que tituló: «Gracias, Helmut».

Paradoja final: ni Wojtyla ni Kohl han sido galardonados por su aporte a la paz mundial como otros líderes de menor protagonismo, pese a su rol en un proceso que, como señaló en estos días Gorbachov, evitó una tercera guerra mundial.

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