22 de julio 2010 - 00:00

A la incertidumbre, la Fed suma inacción

José Siaba Serrate (Economista)
José Siaba Serrate (Economista)
El panorama económico es «inusualmente incierto» pero, aún así, la Fed no cambiará de postura. Permanece alerta, pero sin accionar de momento ningún comando nuevo. Tal el mensaje que acercó ayer Ben Bernanke en su testimonio semianual al Congreso. Quienes esperaban un anuncio de política monetaria se llevaron las manos vacías pero, después de todo, ésa es la tradición de las sesiones Humphrey Hawkins. En las antípodas de su predecesor -Alan Greenspan- Bernanke fue crudo, y nada críptico, en el diagnóstico de las dificultades y, a la par, no hizo intento alguno por inflamar el ánimo de los tenedores de activos de riesgo. Que la Bolsa cayera más del 1% tras oír sus palabras, fue una respuesta apropiada. La expectativa de una modificación inminente de política fue un globo que se pin-chó antes de que lograse remontar a gran altura. Bernanke repitió la letra escrita en las minutas del último cónclave del Comité de Mercado Abierto de la Fed. Y, sobre todo, reiteró la voluntad del banco central de «ver y esperar».

Nadie debe confundirse: es tiempo de baja de tasas de interés en los EE.UU. La Fed preserva las suyas, pero los mercados de renta fija recogieron sustancialmente el barrilete de toda la curva de plazos. Las notas del Tesoro a dos años rinden el 0,55% anual. En abril, cuando la recuperación económica se abría paso vigorosa, las mismas notas cotizaban al 1,15%. Su nivel actual es un piso histórico, 5 puntos base inferior que cuando colapsó Lehman Brothers. En el otro extremo del arco, las tasas del bono del Tesoro a diez años cayeron del 4% a me-nos del 3%. Tras escuchar a Bernanke, ayer, se hundieron al 2,88%. La visión de la Fed es que la economía crece a un ritmo moderado; en cambio, las tasas largas ya regresaron a los confines de cuando se peleaba contra la recesión. No conviene, entonces, tomar a Bernanke fuera de contexto. La inacción de la Fed obedece, en gran medida, a que los mercados de renta fija ya podaron tasas a destajo. Y lo siguen haciendo en todo el espectro de plazos. Debe quedar sentado que las Bolsas no se hubieran estabilizado sin el contrapeso de su oportuna contribución. Wall Street y su milagroso mercado lateral de los dos últimos meses recogieron los frutos de esa cosecha: las cotizaciones de las acciones son las mismas que a fines de mayo gracias a que las tasas largas no permanecieron impasibles y se desmoronaron desde el umbral del 3,50%.

Sugerencia elegante

Aquí se dijo, el mes pasado, que «si la Fed prevé una recaída, abrirá fuego antes que la recesión sea inevitable». Ayer Bernanke lo sugirió con elegancia: «Estamos preparados a tomar nuevas acciones de política si es necesario». Quien revise las cifras que la Fed le remite al Congreso en su informe monetario adjunto, encontrará poco motivo para apurar el paso. Pero la economía rozagante que muestran esos números, no se compadece con la descripción verbal que formula la misma Fed. Bernanke no es como Greenspan -no pretende convertirse en un líder de porristas para salvar el trance-, pero tampoco mastica vidrio. Dice el informe que la Fed espera que la economía crezca entre el 3% y el 3,5% este año y entre el 3,5% y el 4,5% en 2011 y 2012. Si de veras así fuera, ¿dónde está el problema? Hay que prescindir de los guarismos y leer entrelíneas para ubicar la real preocupación. En rigor, el riesgo de colisión entró por la ventana. En mayo, la crisis europea lo instaló en el centro de la escena. El comunicado oficial de la Fed, tras la reunión de junio, tuvo que registrar la novedad. Allí se acusó recibo del deterioro de las condiciones financieras, la primera señal en clave del cambio bajo la superficie. Si alguien dudaba de la voluntad de la Fed de mantener las tasas a ras del suelo por un «tiempo extendido» -a caballo de las declaraciones de gobernadores como Jeff Lacker (que supo pedir una suba de tasas al 1% antes de concluir setiembre)- se habrá convencido de lo contrario. Bernanke recalcó ayer lo que decían las minutas: la mitad de los miembros del comité que toma las decisiones de política monetaria ahora piensa que los riesgos del crecimiento apuntan a una peligrosa debilidad. No obstante, en junio, no se consideró necesario actuar. Y, por lo visto, la actitud se mantiene. Pero las minutas fueron más allá. No temieron usar la palabra tabú: estímulo. La Fed «tendría que considerar si no serían necesarias mayores acciones de estímulo, en caso de que el panorama se deteriorara apreciablemente».

De momento, pues, la economía deberá valerse por sí sola. Si la situación se complica, la Fed acudirá -solitaria- en ayuda. El brazo de la política fiscal, ya se sabe, está amarrado por razones que van desde la fatiga de la opinión pública hasta la erosión de la imagen del propio presidente Obama. Los programas aprobados continuarán su aplicación hasta su extinción, pero no se los renovará. El único refuerzo será la extensión de los pagos de subsidios a los desempleados por más de seis meses. La crisis europea selló, de momento, el recurso a más empeño fiscal y ello garantiza su progresiva declinación. ¿Qué es lo que podrá aportar la Fed? Su arsenal convencional se agotó hace tiempo. Reanudar la compra de activos de largo plazo es el arma más potente a mano (alternativa que acaba de tratar el Banco de Inglaterra, afligido por la misma inquietud). Pero, precisamente por ello, ya los mercados la anticiparon. Si la economía tropieza malamente, ¿cuánto ayudará que las tasas de diez años vuelvan, por decir, al 2%? ¿O que sean inferiores a los mínimos que gatilló Lehman? ¿Invertirán más las compañías? Hoy les sobra el cash para hacerlo, lo que les falta es un horizonte convincente. ¿Quiere decir que la Fed ya no tiene munición eficaz? No, significa que la política no convencional estará forzada a una deriva aún más heterodoxa (y sumará novedades como la compra de activos privados o la refinanciación de la deuda de consumo). Por eso mismo, si la coyuntura se agrava, la política fiscal deberá volver a tallar. Y, a decir verdad, en ese caso, lo hará con las espaldas cubiertas por una ampliación de la compra de bonos públicos. Dice bien Bernanke, la situación es inusualmente incierta.