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“A nuestro teatro le hacen falta nuevos autores”
Rottemberg: «El problema lo tienen ciertos autores, esto no tiene que ver con el dilema entre lo nacional y lo extranjero. En la última semana, de las 5 obras más vistas hay 4 nacionales».
Dicho concurso fue organizado por la Asociación Argentina del Teatro Independiente, en su 15º Aniversario, «para apoyar la coproducción entre salas teatrales y elencos». Rottemberg dio el puntapié inicial con cien mil pesos y un jurado compuesto por la directora Berta Goldenberg, el dramaturgo Roberto Perinelli y la escenógrafa Alicia Leloutre seleccionó 9 obras que serán estrenadas entre el 15 de agosto y el 15 de septiembre de este año. El próximo lunes a las 19.30, en el Teatro Payró (San Martin 766), se realizará el festejo.
Periodista: Está a punto de convertirse en el santo patrono del teatro independiente.
Carlos Rottemberg: Para nada. Mis iniciativas con el teatro independiente empezaron hace 37 años y en forma privada. La diferencia está en que ARTEI quiso ahora difundir esta propuesta mía para que otras empresas que no se dedican al teatro, pero que por marketing -creo yo- dicen defender la cultura, apoyen esta iniciativa y multipliquen la cifra que yo aporté. Como vengo de un año muy bueno gracias al éxito de «Toc toc», pude distraer algo de esos ingresos.
P.: ¿Fue suya la idea de abrir un concurso vía Artei?
C.R.: Sugerí que otorgaran institucionalmente este premio para fortalecer y hacer «competir» ese gran talento que tienen los grupos independientes con un premio que sea exclusivamente para producción. Como miembro y presidente de AADET (Asociación Argentina de Empresarios Teatrales y Musicales) aporté mi experiencia. La gente de ARTEI siempre está muy ocupada en, como digo yo, «la tarea sucia», el trabajo relacionado con la habilitación y mantenimiento de salas.
P.: El 10 de julio, ARTEI denunció que la «gran mayoría los teatros independientes de la ciudad, no han recibido ninguno de los subsidios de funcionamiento correspondientes al año 2012, que otorgan PROTEATRO y el Instituto Nacional Del Teatro.
C.R.: Sí y creo que más allá de estos problemas, el premio que otorgará ARTEI es motivo de fiesta. Como institución le hace bien promover lo que es la esencia de su actividad: promover el teatro. Sino todo se limita a resolver cómo están los matafuegos y otras cuestiones de habilitación. Este premio, más allá del dinero que pueda aportar, tiene que ver con la lógica de querer crecer, como ocurre en cualquier profesión.
P.: ¿Se acabaron los mutuos recelos entre el teatro comercial y el independiente?
C.R.: Mire, esto ya lo dije en 1977, al año de estrenarse «Equus», el éxito que convirtió a Miguel Angel Solá en una figura popular. «No seamos hipócritas los empresarios del teatro comercial, ni siquiera tenemos salas de ensayo. Si no existiera el teatro independiente, ¿cómo habría descubierto Cecilio Madanes a Solá? Eso lo dije para los empresarios que veían al teatro independiente como una peligrosa competencia. Días atrás tuve una reunión en el Teatro del Pueblo, con Tito Cossa y con gente de la Asociación de Actores, para debatir por qué hay más obras extranjeras que nacionales en las salas de Buenos Aires.
P.: ¿Y cual es su conclusión personal?
C.R.: Yo veo que en el teatro hay de todo. Son olas que van y vienen. El dramaturgo nacional era más contestatario décadas atrás, tuvo más presencia en la dictadura que en el gobierno democrático. Fue una manera de protestar que funcionó muy bien a partir de Teatro Abierto. Obras que, como es sabido, llevé al Tabarís, luego de que incendiaran el teatro Picadero (este año donó las butacas para la reapertura de la sala). Y le anticipo algo: según Argentores, los cinco primeros puestos en recaudación de la última semana son: «Stravaganza» de Flavio Mendoza; «Dadyman» con Dady Brieva; «Más respeto que soy tu madre» con Gasalla y Les Luthiers». Y en esos cinco puestos hay una sola comedia extranjera: «Toc, Toc». Entonces el problema lo tienen ciertos autores, esto no tiene que ver con lo extranjero. Si la comedia musical más exitosa de la Argentina fue «Drácula» de Pepe Cibrián y el espectáculo más exitoso de toda la historia argentina fue «Salsa Criolla» de Enrique Pinti. Lo que cambió, es que hoy todos van por el lado del humor o de la frivolidad. ¿Cómo haría usted, si fuera Tito Cossa, para decirle a Sofovich que usted es mejor que él?
P.: ¿No extraña la producción televisiva?
C.R.: Dejé de ser productor el 18 de febrero de 2011, cuando terminó «Almorzando con Mirtha Legrand. De la televisión estoy alejado. Yo fui presidente de CAPIT (Cámara Argentina de Productores Independientes de Televisión) e incluso fui reelegido, pero terminé renunciando cuando vi que no se respetaba el acta que habíamos firmado el grupo inicial, en el que estaban Marcelo Tinelli, Adrián Suar, Mario Pergolini Pablo Codevilla, Enrique Estevanez. Cada productor independiente se comprometía a autorregularse, cada uno desde su lugar, para el mejoramiento de la televisión.
P.: Y no se respetó lo pautado.
C.R.: Todo lo contrario. Y así lo expresé en 2009 hablando de los valores subvertidos de la televisión y de sus verdaderos responsables. Soy de los que creen que la televisión es toda, «toda» del estado, y si uno acuerda con el pliego que le dieron para tener una licencia temporalmente, mientras cumpla ese pliego, es el licenciatario. Pero, si los gobiernos no cuidan que los pliegos se cumplan y los licenciatarios, a su vez, no miden las consecuencias de lo que se están irradiando al público.
P.: ¿Qué ocurre?
C.R.: Ocurre que el común denominador de la gente termina hablando mal de los productores, los conductores y de los gerentes de programación cuando de lo que hay que hablar es de quiénes tienen las licencias de los canales, que son los verdaderos mensajeros de contenidos. O sea, si la señora Mariana Nannis y su hija ocupan el espacio que ocupan ahora en la televisión, yo no pienso en Marcelo Tinelli como responsable sino en los dueños del canal.
Entrevista de Patricia Espinosa


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