5 de julio 2010 - 00:00

A otro le costaría el puesto

La eliminación del Mundial se refleja en el rostro de Diego Maradona, cuya continuidad al frente de la Selección argentina seguramente se definirá en los próximos días.
La eliminación del Mundial se refleja en el rostro de Diego Maradona, cuya continuidad al frente de la Selección argentina seguramente se definirá en los próximos días.
Es todo tan vertiginoso que uno muchas veces pierde la noción del tiempo. La eliminación de la Argentina del Mundial provoca en cada protagonista y también en los testigos (hinchas, periodistas) un efecto de veloz película muda, como si en un videoclip uno aglutinara imágenes de 36 días de convivencia con la Selección en Pretoria.

Argentina se volvió a casa en cuartos de final, como ocurrió con la actual de Sudáfrica, en tres de las últimas cuatro ediciones (Francia 98, Alemania 06), con la ingrata excepción de la salida en primera ronda en Corea-Japón 2002. Esta vez, para algunos, para quien esto escribe sin ir más lejos, fue la más dolorosa de todas las enumeradas por ser el producto de una ecuación imposible de obviar. Por la importancia del partido (cuartos de final de un Mundial), por la calidad del plantel argentino (multicampeones en varios casos en la pasada temporada europea, goleadores, mejor futbolista del planeta), por la expectativa que había generado y, sobre todo, por lo abultado del resultado: la derrota ante Alemania es la peor y la más dura caída que un seleccionado de la Argentina sufrió en toda su historia. No siempre ocurre pero el 0-4 habla perfectamente de lo que fue el partido desde el inicio hasta el pitazo final. Porque la temprana apertura del marcador no sólo mostró las diferencias que había entre ambos equipos, también una falta de reflejos de Maradona y compañía que evidencian que el espejismo de los primeros tres partidos, y que había dejado una imagen desteñida ante México, nos mostró la otra cara de la moneda en el segundo gol, en donde se veía venir una catarata de goles alemanes.

Un Mundial consagra, pero también tiene la crueldad de lapidar, no sólo a entrenadores, también a jugadores, en algunos casos a generaciones enteras. Indudablemente, la continuidad de Diego está en juego. No por el apoyo multitudinario de anoche al regresar a Buenos Aires a una figura que, indudablemente, excede cualquier resultado deportivo, sino por tres ítems que habrá que tener muy en cuenta en los próximos días. Maradona está golpeado, en su orgullo, en su amor propio y sobre todo, siente, en estas primeras horas post-Sudáfrica, que no tiene fuerzas para seguir. El segundo punto, quizás el menos traumático, es que legalmente no hay un vínculo que lo ate a la AFA, su contrato finalizó con la eliminación ante los alemanes y la prórroga hasta la Copa América de 2011 nunca fue firmada por las partes. En tercer lugar aparece quizás el tema de mayor conflicto. Desde el entorno maradoniano se ocuparon de comunicar que tanto de los jugadores como de Julio Grondona habría recibido pedidos de apoyo y de continuar el proyecto. Sin embargo, la realidad tendría un fuerte reto del presidente dentro del vestuario, desencadenado por la negativa inicial del DT a concurrir a la conferencia de prensa y también por los compromisos que la casa matriz ya tiene firmados para el futuro cercano, el primero, el 11 de agosto, en Dublín, ante Irlanda, para el que, la lista de convocados debe ser entregada a los clubes el 26 de julio, en escasas tres semanas. El punto bélico de la continuidad aparece en la condición que tendría en la manga Grondona de pedirle remover a algunos de los ayudantes más cercanos de Diego, lo que sería innegociable para los códigos del entrenador. Es una vieja idea del hombre de Sarandí que habría visto como una provocación la presencia de Oscar Ruggeri en el predio de Pretoria, dos o tres veces por semana, sabiendo Maradona claramente que el «Cabezón» es palabra prohibida en la calle Viamonte. Si Diego no continúa será por obra de la eliminación mundialista. Si lo hace será por el simple hecho de que su apellido es Maradona.

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