Familiares y amigos de las víctimas llegaban anoche a Santiago de Compostela procedentes de toda España con rostros enrojecidos por el llanto, con expresiones de dolor y ansiedad en busca de noticias sobre sus seres queridos y quizá con una sombra de esperanza en que haya un error y no se confirme la mala noticia. El Gobierno regional de Galicia ha decretado siete días de luto, Santiago de Compostela ha cancelado todos los actos festivos y los miles de peregrinos que suelen llegar cada año por estas fechas se han encontrado ayer en su catedral con una misa fúnebre en lugar de la ceremonia de celebración de la fiesta del Apóstol.
Mientras tanto, el maquinista quedó ayer procesado y el juez que actúa en el trágico descarrilamiento del tren le tomará hoy declaración como imputado, indicaron fuentes del tribunal. El conductor del convoy continuaba ayer ingresado en el Hospital Clínico de Santiago y custodiado por la Policía, tras sufrir algunas heridas en el accidente.
Según fuentes de la investigación, ayer le reconoció al delegado del Gobierno en esa comunidad, Samuel Juárez, que en el momento del accidente el tren iba a 190 kilómetros por hora, cuando el límite al que debía ir era de 80 kilómetros hora. El accidente, según los entendidos, se produjo por un exceso de velocidad consentido por el maquinista o bien porque el sistema de frenado de la formación no se activó. Prosiguen las pericias sobre la cuestión, dijeron los investigadores.
Además, las conversaciones de la caja negra recuperada del tren confirma que el maquinista admitió, justo después del accidente, que el tren circulaba a 190 kilometros por hora. Son las palabras del maquinista del convoy grabadas una vez que el tren se detuvo tras descarrilar. El tren circulaba a 200 km/h por el tramo inmediatamente anterior. Era la velocidad permitida, pero por alguna razón no consiguió reducir al llegar a la curva, en la que entraría, según sus propias palabras, a 190.
Por su parte, el resto de España mantendrá tres días de luto, según decretó el Gobierno nacional. El presidente Mariano Rajoy visitó el mismo miércoles el lugar del siniestro, y posteriormente los reyes Juan Carlos I y Sofía se trasladaron a Santiago de Compostela para visitar a los familiares de las víctimas.
Muchos de los familiares de las víctimas acudían al Hospital Clínico de Santiago en busca de información sobre sus seres queridos, varios de los cuales viajaban en el tren con la intención de pasar un largo fin de semana de fiesta o para rendir homenaje al Apóstol Santiago o para ambas cosas.
Aunque la mayor parte de las víctimas ha sido identificada, aún hay otras que no, ya sea porque no se encontraron documentos de identidad en su ropa o los perdieron o porque están tan deformados que se requieren muestras de ADN de alguno de sus familiares directos.
Pero horas después del siniestro, el escenario de la tragedia cambió, pero seguía siendo estremecedor. Una gran grúa blanca levantaba los vagones hechos añicos, mientras en las vías aún se veían rastros de maletas y pertenencias de los pasajeros mezclados con la chatarra.
Por último, se informó que tres latinoamericanos -dos colombianos y una mexicana- perdieron la vida en la tragedia ferroviaria, en tanto una funcionaria dominicana está desaparecida y cuatro colombianos sufrieron heridas, uno de ellos de gravedad, informaron los gobiernos de esos países. Mientras que el Gobierno de la Argentina, país que al igual que Uruguay cuenta con una importante comunidad de origen gallego, salió a aclarar que no hay constancia de que haya muertos.
| Agencias EFE y ANSA, y Ámbito Financiero |


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