22 de octubre 2012 - 00:00

Acierta una Soledad Villamil latina

En «Canción de viaje», Soledad Villamil deja relegados al tango y la milonga para dar paso a un bello y variado repertorio de canciones latinoamericanas.
En «Canción de viaje», Soledad Villamil deja relegados al tango y la milonga para dar paso a un bello y variado repertorio de canciones latinoamericanas.
Presentación de «Canción de viaje». Soledad Villamil (voz). Con J.Teixidó (guitarra, arreglos dir. mus.), J. Tarsia (piano, cuatro), S. Castellani (trombón), E. Stutz (trompeta, fliscorno), A. von der Pahlen (saxos), A. Ar-gañaraz (batería), F. Guevara (percusión), F. Siciliano (acordeón, guitarra, cuatro), G. de Mónaco (contrabajo) y D. Maza (bajo). (La Trastienda; repite el 27/10).

A esta altura, cuesta saber si la buena convocatoria de público que obtiene Soledad Villamil cada vez que se presenta como cantante, tiene o no que ver con su condición de actriz popular. En todo caso, es probable que su nombre, premiado y reconocido, sirva para estimular a la difusión. Pero luego de eso, es finalmente el público el que elige pagar una entrada para escucharla y el que, sin llegar a convertirla en masiva, le da siempre un marco muy interesante para sus conciertos.

En este caso, el motivo era presentar el último disco, «Canción de viaje», el tercero de su recorrido solista y el primero en el que el tango y la milonga quedaron relegados para dar paso a un repertorio variado de canciones latinoamericanas de diferentes épocas y facturas; y hasta a una tríada de piezas escritas por ella misma en colaboración con su guitarrista y arreglador Jose Teixidó.

Una gran orquesta es su sostén instrumental; un grupo numeroso de músicos que son una parte central de los que colaboraron con ella en la grabación. Y tanto intentó respetar el espíritu y los sonidos del álbum, que hasta cuenta en vivo con dos contrabajistas, uno con «la chancha» y otro con el instrumento de mano, que se van alternando según los temas.

La Soledad Villamil de hoy es más latina; con su «Ya traté de olvidarte» o con «O Samba e o Tango», «Volver volver» o su bolero «Así nomás». Además, repasa una amplia gama de canciones del continente, como «De qué callada manera» de Milanés, «Biromes y servilletas» de Maslíah -en excelente versión- o «Maldigo del alto cielo» de Violeta Parra, en el punto más alto del show. Se hace uruguaya en la «Chamarrita de una bailanta» de Benavídez y en «La canción y el poema» de Zitarrosa y Vilariño. Y vuelve a su estilo más conocido con tangos, milongas y valses criollos virados hacia el humor («Volvé»), hacia el homenaje («Se dice de mí», de lo más festejado por la gente), hacia el bolero («Vendrás alguna vez»), o hacia el folklore («Desde el alma», con una bien lograda base de chacarera).

Una buena voz, una expresividad que se refuerza en su formación actoral («recuerden que soy actriz y puedo fingir», bromea en algún momento), una banda compacta y con grandes solistas y un repertorio que está entre lo muy bueno de América. La ecuación cierra; y el público que colmó La Trastienda en la primera función se fue muy feliz a casa.

Dejá tu comentario