9 de abril 2009 - 00:15

Acorrala Kirchner a Scioli e intendentes para frenar fugas

Daniel Scioli
Daniel Scioli
«¿Solá puede ser candidato a diputado teniendo ya una banca? ¿Michetti puede ser candidata a diputada siendo vicejefa de Gobierno? Entonces, ¿por qué Daniel no puede ser candidato a diputado siendo gobernador?». Con este argumento socrático Néstor Kirchner blanqueó la mañana de ayer en Olivos ante un grupo de intendentes la nueva martingala electoral del kirchnerismo para una elección en Buenos Aires que viene en plano inclinado. En ese diálogo, el ex presidente sumó otro ingrediente: Kirchner-Scioli como cabeza de lista, pero todos los intendentes kirchneristas como primeros candidatos a concejales en la mayoría de los distritos, dominados hoy por el kirchnerismo.

En esa reunión, Kirchner concedió que haber dicho: «Scioli es el mejor candidato» fue una chanza, pero nadie se lo creyó. Lo sabían ya algunos entornistas que ayer presumían de tener detalles desde varios días antes. «Estaba calculado, esperó el momento», repetían ayer. Menos entre los intendentes, a quienes también forzó a subirse a la cabeza de las listas y, medio en broma y medio en serio, les atribuyó la paternidad de la idea: «Si ustedes lo quieren, bueno, que Daniel vaya en la lista». No negó que él fuera la cabeza de la boleta y con eso los consoló en esta pulseada para forzar adhesiones hacia adentro, algo que al ex mandatario parece importarle tanto o más que sumar votos. Se rió, claro, cuando le preguntaron -antes de irse a una cumbre de alcaldes de la Tercera Sección electoral en Lanús- si esos candidatos asumirán los cargos que seguramente ganarán. Por lo menos el legendario Melchor Posse -verdadero inventor del pacto de sangre con sus candidatos- se ponía en el puesto de último candidato a consejero escolar suplente en las elecciones locales de San Isidro (su hijo Gustavo ha seguido su misma costumbre). Arriesgaba perder. Era en eso más serio que sus émulos de hoy, estilistas en el juego de cartas ganadoras.

Pedirles la prueba de amor de que se suban a lo que para algunos puede ser un Titanic es la respuesta del santacruceño a las presiones de los jefes territoriales de la semana pasada que le reclamaban un urgente cierre de las listas en cada distrito de manera de ponerle un dique a la migración de dirigentes locales del oficialismo al peronismo disidente ante las demoras de Olivos en convalidar listas de candidatos.

El peronismo provincial saludó el adelantamiento de las elecciones como un acierto de Kirchner, pero sus beneficios comenzaron a evaporarse con las demoras del ex presidente para armar la lista de diputados nacionales y para reunirse con los intendentes para cerrar las postulaciones de legisladores provinciales, concejales y consejeros escolares.

Ese retraso ha dado tiempo y espacio para que los intendentes dejen que su gente haga el doble juego a nivel local, tomando compromisos con candidatos del peronismo disidente de De Narváez-Solá (y en algunos casos hasta con los radicales y la Coalición Cívica) para cargos menores en distritos en donde esta formación tiene intención de votos alta, a cambio de apoyo para la candidaturas a intendente.

Ayer Kirchner, como Spiderman, lanzó la red para frenar esas maquinaciones, esperables en dirigentes locales que necesitan afirmar su hegemonía en los distritos y que no tienen intereses en las listas a cargos nacionales, con la orden de que los intendentes se anoten también como primeros candidatos a concejales en las listas. Es una prueba de sangre que replica la que dice dar Kirchner cuando se pone como cabeza de la lista a diputados.

No le preocupa que signifique admitir que la elección viene complicada, porque los propios intendentes le llevan encuestas levantadas en sus distritos que alimentan la percepción oficial de que la ola de rechazo al poder que hay en la Argentina desde hace una década beneficia esta vez al ticket De Narváez-Solá.

Eso le hace decir al ex presidente que las elecciones son un plebiscito a la gestión y que la tienen que defender todos. No le importa el costo que puede tener la martingala en los sectores medios que rechazan las extravagancias institucionales de éste y otros gobiernos; tampoco que el proyecto lastime el prestigio de las mejores espadas del oficialismo. Ya lo hizo el año pasado cuando les hizo leer a Scioli y a Jorge Capitanich el documento del PJ contra el campo, otra forma de comprometerlos y deslizar el mensaje de que en este barco nadie se salva solo.

Los números que los encuestadores le acercaron al Gobierno son más inquietantes para Olivos. Una encuestadora oficial le da apenas 4 puntos a Kirchner por sobre De Narváez; otra le da 7, pero en todas se repite el mismo escenario: triunfo ajustado en el primer cordón, que vota muy parecido a la Capital Federal; victoria holgada en el segundo cordón, en donde el kirchnerismo domina, y derrota amplia en el interior de la provincia. La dispersión de kirchneristas hacia la disidencia a través del doble juego de listas para que apoyen al intendente se da más que nada en este último sector, que aporta menos votos, pero en donde se eligen más cargos legislativos, en proposición al voto, que en el conurbano.

El peronismo provincial tiene pocos días para acomodarse a esta estrategia, que se aparta del juego tradicional. Cuando Eduardo Duhalde era el jefe de todos, daba libertad de acción a los municipios para que hicieran el juego que más les conviniese, a cambio de que le dejaran a él libertad total para el armado de la lista de candidatos a las legislaturas nacional y provincial. A diferencia de Don Pirulero, todos jugaban el mismo juego y, salvo excepciones, era de ganadores porque el peronismo retenía el poder en el distrito sin mayores dificultades porque no existía una oposición fuerte, que sólo se manifestó en 1997-1999.

Hoy Kirchner no es el jefe indiscutido del peronismo y si deja libertad de acción al juego de abajo se le derrumba la lista de legisladores y la de diputados nacionales. Ahora debe convencerlos de que esta retorcida martingala les asegura el triunfo en la provincia. Si las encuestas que se hagan antes del 28 de abril (fecha de cierre de la presentación de alianzas) lo prueban, admitirán quedar encerrados en este corralito. Si no, ya encontrarán los intendentes la manera de salirse del brete porque para ellos eso del modelo es una quimera; primero está la supervivencia en una provincia en la cual si el jefe comunal no tiene la mayoría en el Concejo Deliberante es inmediatamente destituido, si no metido preso por sus propios vecinos. Tener la mayoría es el objetivo supremo y a eso, con Kirchner o sin Kirchner, se sacrifica todo.

Arrinconado por los pronósticos, el ex mandatario reacciona de nuevo haciendo propia una estrategia de la oposición. Anticipó las elecciones porque quería tener los beneficios en la campaña del adelantamiento que habían hecho Mauricio Macri y Hermes Binner en sus distritos. Arriesgada medida porque a un Gobierno que enfrenta una gestión con problemas le conviene que las elecciones sean lo más lejanas posible, o que no haya elecciones directamente (una ilusión que jamás confesaría en voz alta). Ahora imita el ardid de los candidatos que ya tienen otro puesto (Solá, Michetti), sin reparar en que la oposición crece llevada por la ola de rechazo que hay contra el poder -drama no sólo de este Gobierno, sino de los anteriores también- y no sólo por las condiciones de sus dirigentes, y que quizás es mejor no prestarse con tanta alegría a plebiscitos. Los carga el diablo, dice la sabiduría política. Tampoco hay que presumir que todos los movimientos en política son para ganar.

La necesidad de retener peronismo en torno de sí le hace apreciar a Kirchner este tipo de movimientos, en los que agota el método de construcción de candidaturas de arriba hacia abajo. A diferencia de lo que marcan la ley y las cartas orgánicas de los partidos, los postulantes a los cargos surgen del escrutinio de los dirigentes que resuelven en la cúpula quién representará a los ciudadanos. Nunca una primaria, nunca una interna, nunca una consulta a los vecinos. De ahí salen candidatos y legisladores que le deben el cargo al jefe partidario y no a los vecinos que deberían darles el poder para tomar decisiones y un mandato que cumplir. Este sistema se ríe de los países como los Estados Unidos, que gastan centenares de millones de dólares en primarias para elegir candidatos. Allí, una vez que son elegidos, tienen la fuerza y el respaldo para tomar las medidas que permiten gobernar. La debilidad de los gobiernos y de los funcionarios en la Argentina surge de ese pecado de origen que es la designación regia de los candidatos. Por eso es un país en donde los gobiernos caen con una facilidad conmovedora, víctimas del raquitismo que ya es récord.

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