29 de septiembre 2010 - 00:00

Adiós con G-77 y más críticas por crisis

La presidente Cristina de Kirchner habla luego de asumir como titular del Grupo de los 77 más China, en Naciones Unidas.
La presidente Cristina de Kirchner habla luego de asumir como titular del Grupo de los 77 más China, en Naciones Unidas.
Nueva York, EE.UU. (enviado especial) - Se despidió Cristina de Kirchner ayer de Nueva York cumpliendo con todos los tics que le imprimió a este viaje. Festejó en las Naciones Unidas la candidatura de la Argentina para cubrir la presidencia del G-77 + China desde enero, en este turno en que el cargo le toca a América Latina. En ese acto dentro del edificio Ecosoc de la ONU, se dirigió al grupo de países fijando la agenda que piensa coordinar en 2011. Mientras por la mañana se reunió con Ban Ki-moon y luego se despachó hablando de G-20, G-77, los defectos del sistema financiero que llevaron a la crisis y la lucha contra las calificadoras del riesgo, un poco después volvió a sumergirse en ese nuevo canal de comunicación que la subyuga, Twitter.

El uso de ese sistema no es inocente. Logra Cristina de Kirchner con eso dos objetivos: hacer un by pass a los medios y obligar al mismo tiempo a su publicación. Los «tweetazos» de ayer, como se los calificó en Nueva York por la intensidad y longitud, volvieron para relatar la asamblea del G-77: allí contó que fue Perú el que propuso a la Argentina, que el salón estaba completo, su pasión por aportar ideas (que se vio claramente en su mensaje con pedagogía sobre cómo debe gobernarse el mundo) y de allí saltó nuevamente a su crítica a la Justicia, castigo que alternó con el que su marido también le propinó -pero no por Twitter- por el fallo del juez que habilitó la medida cautelar para frenar la disolución de Fibertel.

Tras criticar el sorteo de la causa y sentenciar: «Queda claro que estamos hablando de un juez que no tiene competencia», duplicó la apuesta de sus tweet anteriores: «Aunque Sagarra (el juez en cuestión) admitió su incompetencia, igual otorgó la cautelar, dejándola firme. ¿De Ripley? No, de un juez cautelar y Magnetto».

Lejos de esa pelea de los Kirchner, Argüello prefirió ayer entusiasmarse con esa presidencia del G-77 que, en realidad, ocupará él con un grupo de seis asesores en Nueva York y otro igual en Buenos Aires. La primera tarea será contactar a los siete miembros del grupo que también integran el G-20, para formar un entre de coordinación.

Ya estamos recibiendo inquietudes, por ejemplo, de países insulares por el problema del cambio climático o propuestas para debatir la reforma del sistema financiero internacional o para avanzar con el próximo presupuesto de la ONU. Argüello volará hoy a Buenos Aires para armar la agenda del Grupo para volver la semana próxima a Nueva York, donde tiene que disertar sobre Malvinas en la New School University, el mismo lugar que Néstor Kirchner eligió para explicar el lunes pasado cómo es la Argentina.

Antes que Argüello festejara en la ONU, Cristina de Kirchner se había dedicado allí a lo que más le gusta por estos días en EE.UU.: contar cómo hizo la Argentina para salir de la crisis y dejar su posición ante el mundo. Lo siguió allí a Ban Ki-Moon, que habló en la sesión del G-77 sobre la necesidad de reformar el sistema financiero mundial, relatando cómo le había ido a la Argentina por haber seguido los postulados del Consenso de Washington.