Antes, Feldman editó la revista "Cuadernos de cine" y fundó el Seminario de Cine de Buenos Aires y la Asociación de Realizadores de Corto Metraje. Más tarde escribió una serie de libros de difusión muy populares entre los aficionados ("El director de cine. Técnicas y herramientas", "Guión argumental, guión documental", etc.), libros decididamente claros y útiles, tan claros y útiles que lo terminaron odiando todos los sabihondos que hablan en difícil. Y poco más tarde fue el primer director de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, en la UBA.
Nacido el 12 de enero de 1922 en Buenos Aires, de chico trabajó como labrador de lápidas en una casa mortuoria, oficio que recordaba con buen humor. Tuvo después una etapa de estudiante bohemio en Paris, donde hizo pintura con André Lhote y cine en el Idhec, el Institute de Hautes Etudes Cinematographiques. De sus varios cortos se destacan "Un teatro independiente", único registro de la actividad escénica que marcó los años '50, y el risueño y felicísimo "Caraballo mató un gallo", animación con recortes de papel. Con otro sentido del humor, abstracto y amargo, "Happy End", inspirado en "Una modesta proposición", de Jonathan Swift. Eso fue en 1982, cuando una de sus hijas había sido definitivamente "desaparecida" -un dolor que llevaba consigo sin volcarlo jamás en sus alumnos.
Fallido, pero aún así valioso, su último largometraje: "Memorias y olvidos", 1987, irónica reflexión sobre las frustraciones nacionales y las diversas maneras de contar la historia. No pudo hacer otra película, pero empezó a recibir homenajes de las nuevas generaciones, y reconocimientos de sus pares. Había sembrado bien. Retirado, nonagenario y con problemas respiratorios, murió el pasado viernes, en paz consigo mismo.
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