Antonio Tauriello, cuya muerte a los 80 años el pasado miércoles trascendió durante este fin de semana, fue uno de los más grandes compositores contemporáneos que dio el país a la vez que otro de los cruelmente olvidados y postergados. Compositor argentino. Alumno de Alberto Ginastera y Walter Gieseking, Tauriello fue pianista y director orquestal. En el teatro Colón, al que estuvo ligado varias décadas a partir de fines de los 50, le tocó protagonizar grandes noches, como el estreno nacional de la ópera «Bomarzo» de su maestro Ginastera en 1972. Se especializó en música contemporánea sinfónica, de cámara, e instrumental.
En su carrera fue director asociado del Departamento de Opera en la Juillard School de EE.UU. «Impromptus» (1989), «Cuarteto de Cuerdas» (1990), «Arlecchino, fragmentos en homenaje a Ferrucio Bussoni» (1991), y «Culebra de Nubes», obra orquestal que en 1975 le había sido encargada para un ballet por el teatro Colón y que recién a fines del año pasado estrenó Alejo Pérez en el Teatro Argentino de La Plata.
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