3 de abril 2013 - 00:00

Admirable cruce de dos duelos

Admirable cruce de dos duelos
Rosa Montero "La ridícula idea de no volver a verte" (Bs.As., Seix Barral, 2013, 237 págs.)

En "La ridícula idea de no volver a verte" el lector comienza arrastrado por una charla que se inicia con uno de esos cross a la mandíbula que reclamaba Roberto Arlt de un buen narrador. "Como no he tenido hijos, lo más importante que me ha sucedido en la vida son mis muertos, y con ello me refiero a la muerte de mis seres queridos. ¿Te parece lúgubre, quizá incluso morboso? Yo no lo veo así, antes al contrario: me resulta algo tan lógico, tan natural, tan cierto. Sólo en los nacimientos y en las muertes se sale uno del tiempo; la Tierra detiene su rotación y las trivialidades en las que malgastamos las horas caen sobre el suelo como polvo de purpurina". Se puede pensar entónces: ¿Un ensayo más sobre la existencia? Nada que ver. Se trata de un libro insólito, confesional, emotivo, que nace a partir de la vida de una lumbrera de la ciencia y de la forma de superar los duelos, y pasa a ser una sentida celebración de la vida.

Este notable texto comenzó cuando la editora Elena Ramírez le propuso a Rosa Montero que hiciera el prólogo del diario que Marie Curie escribió durante los 12 meses posteriores a la muerte de Pierre Curie, su marido, que fue atropellado por un coche de caballos a los 47 años. "Creo que podrías hacer algo estupendo, sobre ella, sobre la superación (si puede llamarse así) del duelo en general", le dice la editora, y conociendo el talento de Montero, le agrega que puede ser "un prólogo o el cuerpo central, y el diario de Curie un complemento. Ahí te lo dejo abierto a cualquier sorpresa". Y el libro que escribe Rosa Montero lleva de sorpresa en sorpresa en su devaneo arborescente de ser a la vez biografía y autobiografía, reflexiones sobre el amor, el trabajo, el feminismo del duro trabajo de la mujeres para conquistar metas que el prejuicio y el autoritarismo habían establecido como masculinas.

Rosa Montero en ese momento estaba viviendo el duelo de la muerte de su marido, el guionista, periodista y conductor de TV Pablo Liscano, que en 2009, a los 56 años había muerto de cáncer. Durante 21 años habían forjado una pareja cómplice y emblemática. Fue por esa muerte que la escritora se debió sentir identificada leyendo el insospechablemente poético diario de Madame Curie, Acaso, también, debe haberla impulsado a escribir de forma confesional "La ridícula idea de no volver a verte" la frase de su marido, tantas veces citada, "nuestra memoria es parte sustancial de lo que somos".

Madame Curie impone un distante respeto. Fue la primera mujer que recibió un Premio Nobel (hoy ya son una treintena la mujeres con el Nobel), y la única persona que hasta hoy recibió dos Nobel, uno como física y otro como química. Las apenas veinte páginas del diario de esa Marya Sklodowska, que se recuerda como la señora de Curie, impusieron a Rosa Montero internarse por todo lo escrito sobre esa polaca afincada en Francia. Supo así de sus padecimientos, de las dificultades que atravesó hasta llegar a ser reconocida. Descubrió el gran amor que ella tuvo por su marido con una fraternidad eróticamente apasionada de dos investigadores científicos. Y, también, del escándalo cuando, ya viuda, hizo de un joven colaborador su amante. Recuerda el descubrimiento del polonio y del radio, y del entusiasmo que le impidió saber los peligros que irradiaba con su poderosa energía.

Cada momento de la escritura de la obra remite a Rosa Montero a algún suceso personal, a un instante de sus vida, a una reflexión sobre la aventura que impone ser mujer. Al pasar, por ejemplo, señala el insensato uso mercantil, sin pensar en los problemas subyacentes, que se hace de los avances científicos (el radio se usó para medicamentos y articulos de belleza, provocando irremediables cánceres). Rosa Montero trenza fragmentos de la vida o mostrar fotos de Marie Curie con los de su propia vida o de alguna otra mujer, de Rosalind Franklin a Lady Gaga.

Este libro se comienza atrapado por una charla entretenida, fluida, conmovedora y de pronto se toma un lápiz para subrayar frases sentenciosas, divertidas o sabias. Rosa Montero consigue un libro que es un maravilloso hibrido de múltiples géneros, y que recuerdan por momentos a los extraordinarios de Winfried Georg Sebald. Es un libro sobre muertos que se transforma en una entusiasta apología de la vida. Y que tiene como bonus track el breve y pasional "Diario de Marie Curie".

M.S.

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