2 de septiembre 2010 - 00:00

Adrenalina, humor y un autohomenaje de Stallone

Sylvester Stallone, guionista, director y protagonista junto a lo más granado del viejo cine de acción, demuestra que sabe exactamente lo que su público quiere y lo brinda con creces.
Sylvester Stallone, guionista, director y protagonista junto a lo más granado del viejo cine de acción, demuestra que sabe exactamente lo que su público quiere y lo brinda con creces.
«Los indestructibles» (The Expendables, EE.UU., 2010, habl. en inglés). Dir.: S. StaInt.: S. Stallone, J. Statham, J. Li, M. Rourke, D. Lundgren, E. Roberts, S. Austin

Si hay que ver una sola película de acción de esta década, ésa es «Los indestructibles». Stallone sabe lo que al público le gusta, y se lo da en una sobredosis de adrenalina y humor super contundente. Lo hace homenajeándose un poco a sí mismo, pero también homenajeando a sus colegas, ya que este regreso de los viejitos piolas y musculosos se parece mucho a la fórmula de clésicos menores como «Comando» o «Triple Traición», aquellos de un Arnod Schwarzenegger que ni soñaba con abandonar el cine para ser electo gobernador de California. Justamente como archirrivales es que aparecen juntos Stallone y Arnold en una única escena que tiene como un especie de mediador en la ficción a Bruce Willis, encargado de contratar a un equipo de mercenarios para la misión casi imposible de derrocar a un dictador en una republiqueta inexistente del Caribe.

Hay que destacar el cuidado que dedica el director, guionista y protagonista a la hora de filmar cada plano de sus antiguos competidores; basta señalar que la escena en cuestión está filmada de tal manera que el que recibe los aplausos es Schwarzenegger. Y no es un aplauso aislado.

Esta es una película para disfrutar con público, porque está llena de guiños que la audiencia festeja como niños grandes, aplaudiendo cada chiste bobo propio del género y cada bazookazo exagerado de esos que abundaban como si nada en las películas de la década de 1980.

Cada celebridad del género está cuidada con un nivel curioso en este tipo de cine, y esto es lo que, más allá de sus cualidades intrínsecas como producto de super acción, es lo que convierte a «Los indestructibles» en algo muy especial. Mickey Rourke, por ejemplo, es un tatuador que fuma en pipa y ya no quiere participar de nada violento, pero parece ser el link entre este club de mercenarios y sus clientes. Dolph Lundgren, gran actor desaprovechado ya desde hace mucho tiempo, es un ángel caído de esta troupe, que empieza el film tratando de colgar a un pirata somalí, para luego traicionar al equipo que lo despidió por su conducta inestable. Jason Stratham, experto en cuchillos, es el único que tiene algo parecido a una vida personal, en donde por supuesto también abundan las patadas. Y Jet Li tiene las mejores coreografías de kung fu desde que dejó el cine chino para radicarse en Occidente. Li tiene además los mejores chistes y se roba cada escena de combate, llegando a unos niveles de imaginación que justificarían por sí solas una película formidable que tiene mucho más para ofrecer. Por ejemplo, el eterno villano Eric Roberts (el hermano malo de Julia) componiendo uno de esos personajes terribles que sólo aparecían en films clase B y los primeros ejemplos del directo al video.

Stallone ya habia aumentado la violencia de su último Rambo dirigido por él mismo. Y aquí la equilibra con mano maestra, empezando con un duelo demente contra piratas somalíes, atacando luego a la isla del dictador (en una sola escena se liquidan, él y Stratham, 41 esbirros enemigos), pasando luego por una alucinante persecución automovilística urbana hasta llegar al apoteótico fina, con un infierno pirotécnico y gore diseñado para lucise como director, con un montaje paralelo de cada combate idividual que podría provocar la envidia del mismísimo Walter Hill.

Como dijimos, después de tanto tiempo, Stallone sabe lo que el público espera de él y sus colegas, y por eso la gente lo festeja con aplausos espontáneos intermitentes a lo largo de las dos horas de película. Por eso, no vaya a ver esta película solo a la tarde, ni mucho menos en dvd. Si es posible busque una sala gigante de la calle Lavalle el sábado a la noche y déjese transportar al maravilloso mundo del cine de super de acción.

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