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Adriana confirma su carisma con los chicos
Sin apoyo televisivo ni grandes despliegues de puesta, Adriana volvió a sorprender con su poder de convocatoria entre los chicos: dos Gran Rex repletos disfrutaron «Fiesta de disfraces».
La fórmula es sencilla y conocida: una cantante con un repertorio dirigido a los niños más pequeños, una joven simpática y dulce que se viste con un traje de fantasía, una serie de muñecos que simulan ser peluches gigantes, una pista de sonido -sin músicos en escena- relativamente convencional sin salirse demasiado del pop en uso, y una escenografía con mucho colorido, flores, plantas, animales, etcétera. Sin embargo, aunque la fórmula se ha intentado muchas veces, no siempre da resultado, si es que de convocatoria hablamos.
Entonces, bien vale la pena preguntarse dónde está el misterio de esta artista que, sin el respaldo que suelen dar los programas de televisión, incrementa día a día su público. Y si antes fue un ciclo en el Astral y muchas actuaciones en el interior, esta vez fueron dos Gran Rex repletos -con más de 3.300 personas por tarde- los que respondieron a su llamado.
A lo mejor, la respuesta haya que buscarla en la formación de origen de Adriana Szusterman. Aunque también se ha formado en distintas áreas del espectáculo, fue durante años maestra jardinera. Así, puesta ahora a «artista», Adriana respeta las leyes del «show business» sólo a medias. En ese sentido, la realidad se cuela permanentemente y la fantasía tiene sus límites, como cuando pone sobre el escenario a su padre y a su hija explicándole a la platea quiénes son, cuando relata su infancia y la evoca con algunas canciones de María Elena Walsh, o cuando se hace evidente que sus propios temas siguen teniendo propósito didáctico.
No se trata de una cantante especialmente virtuosa; tampoco las canciones ni el espectáculo revelan una renovación significativa respecto de lo ya visto tantas veces. Pero Adriana tiene un valor agregado relacionado con su pasado docente o, quizá más sencillamente, con eso más inexplicable que a falta de una palabra más precisa suele llamarse «ángel».


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