1 de octubre 2012 - 00:00

Ahmadineyad, con plazo fijo

El factor irritante que supone Ahmadineyad, un negacionista del Holocausto, entre otras calamidades, quedará barrido de la escena política iraní en las elecciones de junio próximo, en las que no podrá competir por una segunda reelección. El controvertido presidente es, cabe recordar, muy resistido en las propias altas esferas del régimen por su estilo populista y provocativo y, si nos guiamos por lo dicho en parte de la prensa paraoficial, incluso por sus comentarios negacionistas. En los últimos meses libró y perdió una puja sorda con el líder supremo, Alí Jamenei, el verdadero poder en ese país. La prensa occidental suele exagerar la influencia del presidente dentro de una teocracia que deja la conducción de las líneas estratégicas del Estado en una instancia superior a él.

Tentador

Dicho lo anterior, no parece una herejía que la Argentina explore, más aún con las salvaguardias oportunamente anunciadas, una vía de diálogo que pueda llevar a esclarecer el caso AMIA. Con la llamada «conexión local» en vía muerta debido al carácter impresentable de su instrucción, renunciar a estos contactos implicaría resignarse a que los «cerebros» internacionales de la masacre queden también impunes.

Puede resultar tentador para algunos convertir una causa tan sensible en un arma arrojadiza más dentro de la impiadosa política argentina de la actualidad. Pero los familiares de las víctimas merecen que sus voces sean escuchadas sin interferencias, ya sea que se decanten por la aquiescencia o por el rechazo.

Ese diálogo puede llevar a determinar de una vez por todas si la «pista iraní» responde a una investigación judicial contundente o es un cúmulo de datos de inteligencia. Su destino dista de estar asegurado, y las prevenciones sobre el interlocutor están más que justificadas. Pero el único camino seguro hacia el fracaso es sentarse de brazos cruzados.

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