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Al Twitter te lo carga el diablo

Pero ante nada la figuración, porque el principal consejero intelectual de Mauricio Macri, el profesor de filosofía Alejandro Rozichtner, con menos escándalo y quizá más argumentos, hace rato que viene mostrándose también por la legalización. Su oficio reflexivo lo mantiene lejos de Twitter a este Rozichtner, que del fax ha pasado apenas a su página web, en donde repite la campaña todas las semanas.
Twitter es un camino de ida, y más cuando su frecuentación nace más del ocio que de la templanza. Hace dos meses, la popular María José Lubertino, legisladora porteña, se puso al borde del abismo cuando, en plena sesión, en vez de hablar desde la banca, twitteó una ofensa casi sacrílega -para sus destinatarios- sobre judíos y cristianos. Para completarla, llamó al rabino Sergio Bergman «bergaman», quizá un empastelamiento de teclas, pero que completó el raro raid. Le costó mucho de lo que había ganado en los últimos años construyendo una celebridad municipal, pero eficaz para su crecimiento político. Parecía candidata cantada el año que viene a una banca de diputada en las listas del kirchnerismo, pero su «boutade» le ha costado retroceder varias casillas. Se arriesgó ayer Cerruti a lo mismo, ignorante de que al Twitter lo carga el diablo.


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