22 de noviembre 2012 - 00:00

Al Twitter te lo carga el diablo

Al Twitter te lo carga el diablo
Ayer, la legisladora kirchnerista-sabbatellista, ex-ibarrista-telermanista Gabriela Cerruti no tuvo mejor ocurrencia que mostrar en su cuenta de Twitter una planta de su jardín interior que presumió de ser de marihuana (foto). «Me pareció simpático ponerla», se rió cuando levantó espuma en la grey twittera. Fue, claro, un acto político, porque horas antes se había quejado, a destiempo como siempre, de algunos carteles del 8N anti-K: «Los que marchaban el 8N con los carteles de queremos un presidente como Mujica sabrán que legalizó la marihuana? Por q bardean entonces?», posteó. Entre la política y la necesidad de figuración que tienen los políticos confirmó fobias y filias, porque la azotaron los críticos y la jalearon los amigos, que aceptaron que fuera un pronunciamiento a favor de la tenencia para consumo de sustancias prohibidas para su comercialización. La conciencia del burgués bienpensante queda más limpia si el pito lo cultiva en el balcón y quiebra esa cadena que comienza con la esclavitud agraria de quienes la producen en el altiplano, la sevicia de quienes la transportan, y los traficantes que se enriquecen.

Pero ante nada la figuración, porque el principal consejero intelectual de Mauricio Macri, el profesor de filosofía Alejandro Rozichtner, con menos escándalo y quizá más argumentos, hace rato que viene mostrándose también por la legalización. Su oficio reflexivo lo mantiene lejos de Twitter a este Rozichtner, que del fax ha pasado apenas a su página web, en donde repite la campaña todas las semanas.

Twitter es un camino de ida, y más cuando su frecuentación nace más del ocio que de la templanza. Hace dos meses, la popular María José Lubertino, legisladora porteña, se puso al borde del abismo cuando, en plena sesión, en vez de hablar desde la banca, twitteó una ofensa casi sacrílega -para sus destinatarios- sobre judíos y cristianos. Para completarla, llamó al rabino Sergio Bergman «bergaman», quizá un empastelamiento de teclas, pero que completó el raro raid. Le costó mucho de lo que había ganado en los últimos años construyendo una celebridad municipal, pero eficaz para su crecimiento político. Parecía candidata cantada el año que viene a una banca de diputada en las listas del kirchnerismo, pero su «boutade» le ha costado retroceder varias casillas. Se arriesgó ayer Cerruti a lo mismo, ignorante de que al Twitter lo carga el diablo.

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