Alex se prueba pelucas, le gustaría ser a ratos otra. Otras. No una enfermera interina. Esa treintañera que se acostumbró a vivir sola es bella, pero no se lo cree. La divierte ver lo que provoca en ciertos hombres, pero tiene mala experiencias al respecto. Uno, que últimamente la sigue, una noche le pega un puñetazo, la tira en una camioneta, la ata de pies y manos, la lleva a un galpón abandonado, la mete en una estrecha jaula de madera que hace colgar con una cuerda a metros del piso. Cada tanto va a darle comida para mascotas, que las ratas que rodean a Alex tienen como meta, y a verla sufrir.
Desde el secuestro y asesinato de Irene, su mujer, el inspector Camille Verhoeven, de la Brigada contra el Crimen de la Policía de París, no quiere tener nada que ver en temas duros, prefiere conflictos entre vecinos, pero el caso de Alex lo regresa al duelo, y como repuesta se pone al frente de la investigación. En eso es muy bueno, a los pocos días logra dar con el galpón donde Alex está encerrada. Pero ella no está. Ha huido. Herida, famélica, escapa de los que la buscan: su secuestrador, la policía. Los medios comienzan a informar la aparición de cadáveres horriblemente mutilados.
Es el comienzo de un thriller puro y vertiginoso. La segunda entrega de la tetralogía del policía Camille Verhoeven, un cuarentón de poco menos de un metro cincuenta, lo que no le ha impedido ser un destacado estudiante de Derecho, un conquistador, y un talentoso investigador. El primer caso que se le conoce es "Irene", que cuenta lo que le sucedió a su mujer, y se refiere al pasar, brevemente pero por completo en "Alex". Novela de una intrigante unidad que alterna las sorpresas de la investigación de Verhoeven con las conductas erráticas de esa mujer que guarda algo de un aciago pasado. Los giros desconcertantes de la trama buscando saber por qué la humilde Alex fue secuestrada, a qué se debe la multiplicación de cadáveres. Hasta que todas las piezas del puzle van encajando, y se tiene la satisfacción de un muy hitchcokiano orden final.
"Hay violencia por todas partes, la peor es la que no se la ve en los medios, o se presenta de otro modo, sin sangre y sin necesariamente cadáveres. De algún modo el policial ayuda a exorcizar esa violencia", según Pierre Lemaitre, un psicólogo que pasó a dar clases de literatura europea y estadounidense, y a escribir guiones de televisión. A los 56 años publicó su primer policial y a los 63, con la novela no policial "Nos vemos allá arriba", ganó el premio Gouncourt. Al ser entrevistado ironizó: muchas gracias, pero lo mío es esa cosa menor, la novela negra. Con ese espíritu burlón en "Alex" agradece a Barthes, Dostoievski, Proust, Pasternak, entre otros, "por los pequeños empréstitos que me he permitido". "Alex" recibió el premio The Crime Writer's Association International Dagger, y pasaría al cine. Al gran Chabrol le habría encantado dirigirla. Quien lee las primeras páginas queda atrapado. Y contiene zonas no aptas para espíritus sensibles y aprensivos.
| Máximo Soto |



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