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Alfonsín deja andar pero recela pacto
Hasta el momento, avisa el candidato radical, no hubo ninguna conversación efectiva y concreta sobre un acuerdo con De Narváez. Admite contactos informales entre laderos en la órbita del Congreso pero se trató, asegura, de conversaciones ocasionales.
Expone un argumento: cualquier eventual negociación con el diputado y candidato a gobernador bonaerense está supeditada a que Macri desista de la competencia nacional y se repliegue como candidato porteño, tal como le sugiere un pelotón de referentes del PRO.
Si el jefe de Gobierno porteño no da ese paso, Alfonsín considera prácticamente imposible que se pueda avanzar en conversaciones con De Narváez. Interpreta que, con Macri jugado a la presidencial, el bonaerense derivará tarde o temprano en un pacto con el PRO.
Por esa razón, al margen de que -jura y perjura- no autorizó contactos con el denarvaísmo, Alfonsín se muestra cauteloso. Quiere gambetear la posibilidad de que el inicio de charlas se frustre luego o que, más probable, De Narvaez lo «use» para negociar mejor con Macri.
En esos términos, el radicalismo sospecha que un movimiento prematuro puede ser crítico: estorbar la relación política con el socialismo y con el GEN de Margarita Stoblizer, y además derivar en una negociación sin futuro porque, asume, Macri y De Narvaez tienen una tendencia natural a aliarse.
Por ese motivo no quiere siquiera explorar variables sobre cómo podría, llegado el caso, cerrarse un acuerdo con Unión Celeste y Blanco. La idea de una colectora o una boleta compartida, o la posibilidad de que sea su único candidato en la provincia.
Eso, en rigor, está ligado a una (y quizá jamás abordada) segunda etapa. Porque, además, Alfonsín mandó a sus referentes a avisarle a sus socios históricos, el GEN y el socialismo, que antes de entablar un vínculo con De Narváez, pedirá sus opiniones al respecto.
Es pura retórica: tanto Stolbizer como la versión bonaerense del PS avisaron que están a una distancia abismal del diputado por lo que rechazarán cualquier posible acuerdo. Alfonsín afirma que si tiene que elegir entre ambos, optará por sus socios de siempre.
En cierto modo, De Narváez le sirve al radicalismo para que Stolbizer termine de mostrar sus cartas, abandone su jugueteo sobre una eventual candidatura nacional -vice presidente o senadora- y se lance definitivamente como la postulante del panradicalismo a la gobernación.
La jefa del GEN demora esa definición a pesar de que le trajo costos: perdió presencia y en las encuestas aparece casi al mismo nivel que Martín Sabbatella y varios puntos abajo de De Narváez.
Alfonsín dice no entender esa indefinición de Stolbizer ya que, admite, es la mejor -él se autoexcluye- figura radical en la provincia. La referente expone, ante los suyos, temores menores: que si anticipa su juego, la UCR avanzará sobre sus espacios. Los vaivenes con De Narváez se convierten, por eso, en una herramienta para presionar.


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