11 de abril 2014 - 00:00

ALMADA: “Hay un snobismo de los lectores”

Fue la revelación del Salón de París. Su libro “Après l’orage” (El viento que arrasa), publicado en marzo por Editions Métailié, vendió 1.500 ejemplares en dos semanas, 3.500 en un mes y en abril va por la segunda edición. Aquí lleva vendidos 6.000 en dos años y ya tiene destino de película y de obra de teatro. Sin embargo, apenas asomada al éxito, en la Argentina Almada pasó de ser niña mimada a blanco de críticas. Pero la entrerriana no se amedrenta y sigue escribiendo como quiere, cuando quiere y donde quiere, más precisamente aquí, en su escritorio de la casa de Flores donde recibe a Viernes para hablar de su experiencia francesa y de su próximo libro, “Chicas muertas”, una no-ficción sobre tres misteriosos femicidios.

ALMADA: “Hay un snobismo de los lectores”
Viernes: ¿Qué significa en números ingresar al mercado francés?

Selva Almada
: Allá consideran que 4 o 5 mil ejemplares está bien. El que vende bien-bien vende 40 mil ejemplares. Siempre hablando de autores de literatura y extranjeros. Por ejemplo, Elsa Osorio, que publica en la misma editorial, es de las que venden 40 mil. En ese segmento, en la Argentina no se llega a esa cifra.

V.: ¿Perjudicó la polémica en torno a la delegación que fue al Salón del Libro (algún escritor se quejó de que la lista confeccionada tuvo sesgo político)?

S.A.:
No nos perjudicó. Las actividades en el pabellón argentino siempre estaban llenas de público y se vendieron muchos libros. Mi editora, Anne Marie Métailié, me dijo que los medios argentinos le preguntaban qué opinaba y ella me decía: A nosotros la polémica no nos va ni nos viene porque todos los años pasa lo mismo con los países invitados. Se genera exactamente la misma polémica por los que fueron y los que no fueron invitados. Tal vez haya afectado que Ricardo Piglia no haya ido porque es un autor muy leído allá y seguramente su público lo esperaba. Creo que afectó más la ausencia de Piglia que la polémica.

V.: A usted le fue bien...

S.A.:
Me fue muy bien. Como hacía poco que la novela había salido allá no tenía muchas expectativas. Pero se habían publicado buenas críticas así que me encontré con que el libro ya circulaba, cosa que no sospechaba. Además, la editorial me programó cantidad de entrevistas en radio, TV y prensa que tuvieron mucha repercusión. Los días que tenía que firmar venía gente con el libro comprado a partir de las entrevistas.

V.: A veces se comete el error de querer venderle al extranjero imitación de su propia literatura. Un Houellebecq argentino a los franceses, por ejemplo. En cambio, sus novelas tienen un exotismo ideal.

S.A.:
En las críticas francesas, la singularidad del paisaje, de los personajes, ese exotismo, estaban señalados como lo valioso y lo novedoso de la obra. Y yo coincido: tampoco leería una literatura a la argentina hecha por un extranjero, porque para eso leo a un argentino.

V.: Por otro lado, los franceses también se identifican con las obras que representan cuestiones universales: el campo, el trabajo, el aislamiento, las rutas...

S.A.:
Mirá, durante la gira que la editorial nos organizó a Pablo de Santis, que también publica con ellos, y a mí, visitamos tres ciudades del interior de Francia y tuvimos presentaciones en distintas librerías. En esa experiencia me encontré con que los franceses me decían que la geografía de la novela les resultaba singular pero que las historias les resultaban universales, y que en esa combinación estaba el encanto, que se sentían reconocidos en las relaciones familiares, los problemas de padres e hijos, el pastor, las cuestiones de la fe.

V.: ¿En Francia el escritor hace un trabajo de promoción más intenso?

S.A.:
La modalidad de ir a las librerías, que te entrevisten, dar charlas y firmar libros, en Argentina no es habitual. Puede ser alguna que otra vez pero no te van a invitar un día cualquiera a firmar libros. En Francia es algo habitual. Me asombraba que en las librerías del interior las agendas del mes tenían dos o tres veces por semana la visita de autores extranjeros o franceses. Podías ver desde a Amélie Nothomb hasta a un autor norteamericano de policiales. En Tours, que es una ciudad de 130 mil habitantes, dos o tres veces por semana tenés en las librerías reuniones con escritores.

V.: Construyen la cultura en el día a día...

S.A.:
La promoción permanente de literatura en Francia es sorprendente. Desde el apoyo gubernamental con subsidios a las librerías independientes frente al avance de Amazon hasta el hecho de abrir el diario y ver que hay reseñas de libros todos los días. Hay un mercado más amplio y consumidor. Otra cosa que me gustó mucho de las librerías es que además de las fajas que ya vienen de las editoriales, los libros tenían fajas hechas a mano por los propios libreros para identificar sus recomendaciones de ese mes o esa semana.

V.: Hablemos de Chicas muertas.

S.A.:
Es un proyecto que tenía desde hace muchos años. Es una obra de no ficción que trata tres casos de femicidios no resueltos y con un halo de misterio que ocurrieron en la década del 80, en tres provincias distintas del interior del país. Ninguno de los casos tuvo difusión en medios nacionales. Todo surgió a partir de un hecho que recuerdo de mi adolescencia porque ocurrió en San José, un pueblo vecino de mi pueblo. Luego, con los años, buscando y preguntando, mandando cartas a los diarios del interior, sin suerte, finalmente di con otros dos casos: uno en el Chaco y otro en Villa María, Córdoba.

V.: ¿Construye alguna hipótesis que resuelva los tres misterios?

S.A.:
No hay que olvidarse de los familiares de las víctimas. Es delicado. Uno no puede decir cualquier cosa que hiera su sensibilidad. Sin embargo, hay líneas que dejan entrever lo que pienso de cada caso. De todos modos lo importante de Chicas muertas, a partir de esos tres casos y otros casos más pequeños que están inmersos en la narración, es abordar cuáles son las condiciones de existencia que lleva a la violencia de género. Lo que hago es tejer un relato donde ocupo el lugar de cronista a partir de mi experiencia personal, de la vida cotidiana en un pueblo donde se sabe, por ejemplo, que a la vecina le pega el marido. Hay sociedades donde existe esta suerte de permisos.

V.: En su primer libro, Una chica de provincia, hay un cuento, Chica muerta, donde aborda un caso así.

S.A.:
Es el mismo caso, sólo que no había investigado como lo hice ahora que tuve entrevistas en los lugares, con los familiares, con los vecinos. Ese relato lo escribí con lo que recordaba y recordaba bastante mal, me di cuenta, así que Chica muerta es más ficción que historia verdadera.

V.: Ya que hablamos de violencia... Empezó publicando en Gárgola, pegó un salto con Mar Dulce donde publicó El viento que arrasa y Ladrilleros, y ahora está con Chicas muertas para Penguin Random House. Parece que en el mundillo cultural, cuando no sobresalía, la querían y, ahora, que le va bien, empezaron a criticarla.

S.A.:
Antes me querían... no sé. ¿Vos decís que me querían antes? (Se ríe).

V.: Es una manera de decir que la elogiaban...

S.A.:
En algún lado leí Almada es un snobismo de los críticos. Para mí hay un snobismo de los lectores que antes me leían y ahora dicen: No la leo más porque ahora la lee todo el mundo. Es snob dejar de leer a un autor sólo porque ya no lo leen solamente tres o cuatro. Es verdad que me están pegando y hay algunos muchachos que están ensañados pero es porque ahora tengo más visibilidad. ¿Antes para qué me iban a pegar? ¿De qué les iba a servir si no me conocía nadie? Todo lo que digan me tiene sin cuidado. Hace veinte años que escribo. No empecé a escribir ayer. Siempre escribí lo que quise y voy a seguir escribiendo lo que quiera, publique donde publique.



BIO



Villa Elisa, Entre Ríos, 5 de abril de 1973



Estudios: Profesorado de Literatura, Instituto de Enseñanza Superior (Paraná).



Rutina informativa: Página/12, Perfil, Clarín y La Nación, todos on line. Fines de semana, Perfil y Página/12 en papel. Suplementos de Cultura: Radar y Perfil.



@MiriMolero

Dejá tu comentario