24 de agosto 2012 - 00:00

Andras Schiff cautivó al Colón

El gran pianista húngaro ofreció un recital magistral dentro del Abono Bicentenario del Teatro Colón.
El gran pianista húngaro ofreció un recital magistral dentro del Abono Bicentenario del Teatro Colón.
Recital de Andras Schiff (piano). Obras de L. van Beethoven, B. Bartok, L. Janacek y F. Schubert (Abono Bicentenario, Teatro Colón, 22 de agosto).

Próximo a cumplir 60 años, el húngaro Andras Schiff no sólo es uno de los exponentes más brillantes de su generación sino que parece seguir superándose a sí mismo. Al menos, esa sensación quedó en el aire tras su recital del miércoles para el Abono Bicentenario del Colón, donde el programa -inteligentemente armado- permitió notar viva esa capacidad casi mágica de crear climas casi opuestos en un entorno no siempre digno de su estatura artística.

Las cuatro sonatas elegidas, ninguna de ellas «de relleno» o incluida por concesión, fueron casi simétricamente dispuestas: la número 30 opus 109 de Beethoven, la Sz. 80 de su compatriota Bartok, la sonata en mi bemol menor de Leos Janacek y la D. 894 de Franz Schubert. Sin más solución de continuidad que una breve salida del escenario entre una y otra, Schiff acometió la tres primeras con un pasmoso poder de concentración, abstrayéndose del indignante vendaval de toses y «ringtones» telefónicos que azotó el recital de principio a fin.

Asumida la imposibilidad de enumerar detalladamente la infinidad de toques que Schiff logró desplegar, cabe destacar su refinamiento y su infalible sentido estilístico para administrarlos. De la sobriedad con la que encaró la genial sonata de Beethoven, pasó a descerrajar con una expresión sonriente y lúdica la endemoniada rítmica de Bartok, para volver a un clima de íntima extroversión -o extrovertida intimidad- en la partitura de Janacek.

Para muchos la cumbre estuvo en su versión de la «Sonata en Sol mayor» de Schubert, obra monumental en la que el pianista húngaro construyó meditadamente, piedra sobre piedra, una versión antológica sin estridencias ni edulcoraciones, exactamente como conviene a este compositor.

Después de un «tour de force» semejante Schiff aún tuvo la energía y la generosidad de entregar cuatro bises: un inolvidable «Impromptu en mi bemol» de Schubert, una de las «Bagatelles» de Beethoven, un nocturno de Chopin para cortar el aliento y finalmente el último movimiento del «Concerto en el estilo italiano» de Bach, sin dudas el mayor arquitecto musical al que ese enorme arquitecto de la interpretación que es Schiff supo dar una claridad y solidez inigualables.

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