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Antes de los 58, Cristina hará lanzamiento “soft” de reelección
Cristina de Kirchner, Martín Sabbatella, Daniel Scioli y Hugo Moyano.
Será, por la dimensión y el entorno, el lanzamiento informal de su pretensión reeleccionista y, en paralelo, la de Daniel Scioli, anfitrión de un festival que tuvo un último retoque en la fecha por pedido de Cristina, para que no coincida con su cumpleaños 58.
Juntos sobre el escenario, la Presidente y el gobernador simularán una postal pacífica, un minué de sonrisas y lágrimas, que tendría como jaque emotivo el bautizo del estadio -legado cementicio de Eduardo Duhalde- con el nombre de Néstor Kirchner.
Así como Juan Perón tiene, en Avellaneda, su homenaje en la cancha de Racing, el patagónico dejaría sellado su nombre en ese complejo monumental, pero huérfano de hinchas y club. Como paradoja, lo primero que albergará serán los recitales de la banda irlandesa U2.
Lejos de las anécdotas, el despliegue que Scioli monta para ese día -en el que puso a trabajar a todo su Gobierno- trafica un componente político: a 100 días del cierre de listas para la primaria, el gobernador ofrendará su lealtad a los pies de la Presidente.
El búnker pingüino reclama, con una ferocidad que se parece demasiado a una súplica desesperada, que el bonaerense entregue el último vestigio de su ilusión presidencial. Una especie de sacrificio público, televisado en vivo, antes de la frontera de marzo.
Certeza
En ese mes -como tarde, a comienzos de abril- ocurrirá el instante en que los números vomiten con certeza las posibilidades de Cristina de ganar en primera vuelta.
En enero, rompió el piso de los 40 puntos: el interrogante consiste en determinar si bajará más, recuperará unos puntos o se estabilizará en esa cifra que, con la foto actual, le garantiza una victoria.
La consolidación -altamente probable- de la Presidente arrastra efectos no deseados, sobre todo para el peronismo. Con Cristina montada sobre indicadores poderosos, el pingüinismo planificará una táctica voraz para incidir en cada uno de los renglones de las listas de candidatos.
Hay, al respecto, un factor imperceptible para la mayoría: el régimen de internas obliga a confeccionar una junta electoral ad hoc para la elección que debe incluir a un delegado de cada competidor. Si Cristina es la única, la firma la tendrá una sola persona -Carlos Zannini-, el único autorizado para visar las boletas oficiales.
Ajedrez
El casillero que refleja la mayor incompatibilidad es la vice de Scioli. Es una navaja de dos filos: el kirchnerismo pretende ubicar a un comisario K que limite hipotéticas rebeldías del gobernador a partir de 2012, y el sciolismo quiere una figura propia que no enturbie la gestión del gobernador.
Hallar una ficha que ensamble ambas virtudes resulta un imposible. Pero hay escalas intermedias: no implica los mismos riesgos tener a Carlos Kunkel como dos bonaerense que delegar ese sillón en, por ejemplo, Juan Manuel Abal Medina, a quien con calidez la Presidente llama «Juanito».
Ese juego de equilibrios relega a los pretendientes que, prematuros, toman posición. Un caso: Julio Pereyra dijo que ese cargo lo decide la Presidente y, casi de inmediato, desapareció de la grilla de posibles vices que explora el gobernador.
Scioli, a su vez, promociona y auspicia otras figuras: de Mario Oporto a Baldomero «Cacho» Álvarez, para luego, ajedrecista al fin, cambiar alfil por alfil o peón por peón, con los patrocinados por el núcleo duro de Olivos.
El gobernador confía en que, en la instancia final, podrá acceder sin intermediarios a la Presidente. Un karma para el peronismo es la persistente balacera que voceros y medios K descargan sobre Scioli. ¿Es Cristina ajena a esas perdigonadas continuas? Decir que sí es, como mínimo, subestimarla.
Cómo perforar esa frontera que dinamita al bonaerense y, en ese juego, potencia a Martín Sabbatella, encabeza el menú de obsesiones en la residencia de La Plata.
El dirigente de Morón quedó bajo fuego de caciques del sciolismo -como el jefe de senadores provinciales, Osvaldo Goicoechea y, con un dejo poético, el ministro de Economía, Alejandro Arlía-, pero empezó a recibir, también, retos desde el núcleo ultra-K.
Le facturan, entre otras cuestiones, entrometerse en la interna porteña a favor de Daniel Filmus y, airadamente, contra Amado Boudou. Julio De Vido, que concibe al moronense como un puñal para mantener a raya a Scioli, le dedicó una parrafada de maldiciones.
La inaccesibilidad del PJ a Olivos, que afecta también a Hugo Moyano, tiene más efectos colaterales: el camionero acordó con Scioli una cumbre del consejo partidario para el 18 de febrero en Sierra de los Padres, cerca de Mar del Plata. Esa cita podría, en unos días, parir una nueva rebeldía contra el camionero.


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