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Anti-2003: dispersión complica al Gobierno
Mauricio Macri
En Diputados la situación no se consideraba grave para el kirchnerismo, que analiza la situación de esa cámara desde un punto de vista quizás demasiado básico: el Gobierno va a renovar este año las bancas que logró en la peor elección de toda la era Kirchner, es decir, en 2009. Pone en juego, entonces, poco frente a lo que puede ganar, se suele razonar.
Hablando de contabilidad política eso significa que el bloque oficialista pone en juego sólo 31 bancas y sus aliados 11 de las 127 que van a renovación en las elecciones de octubre.
Visto de esa forma no parece complicado para el kirchnerismo lograr un resultado que le permita mantener la diferencia en Diputados frente a la oposición. Más cuando en la provincia de Buenos Aires de los 35 que se ponen en juego, el Gobierno arriesga entre 14 y 15 lugares.
Hasta ahora ese dato no inquietaba a la política, por el contrario. Pero la división del peronismo en tres listas en la provincia de Buenos Aires aportó algo de suspenso.
Hoy existen tres frentes alimentados por voto peronista en la provincia: el oficial, los seguidores de Francisco de Narváez (con el PJ disidente) y el frente que registró Sergio Massa.
No falta demasiado para saber si ese armado viene con complicaciones a la hora de contar bancas: de acuerdo con cómo se presenten las listas de candidatos el 22 habrá más o menos reparto. Algo así como la división con la que el peronismo fue a elecciones nacionales en 2003. Fueron tres candidatos del PJ y Néstor Kirchner se llevó el 22,3% a nivel nacional (lo que le permite a Cristina de Kirchner recordar que asumió con menos votos que los desocupados que registraba el país) y 25,7% en la provincia de Buenos Aires con el aparato de Eduardo Duhalde jugando a favor. Esa división tripartita que vuelve al PJ es una curiosidad histórica que ya alimenta proyecciones de bancas en un Congreso que sólo vive por estos días para seguir de cerca la marcha de las PASO.
El Gobierno, entonces, se va a enfrentar en la provincia a tres listas fuertes, dos del PJ y el acuerdo FAP-UCR que quedó en condiciones de pelear al menos dentro de la grilla de arriba. Por debajo quedarán, además, las listas de la izquierda y partidos menores que también dispersan voto.
Pero el efecto "división" más complicado será, sin dududa, el que puede producirle al Gobierno una lista ahijada por el Frente Renovador de Massa y mucho más aún encabezada por él.
La ruptura entre Francisco de Narváez y Mauricio Macri no tiene retorno. Lo confirmaron el fin de semana los operadores del PRO en la provincia de Buenos Aires aportando decenas de anécdotas sobre desaires que le endilgan a De Narváez en cada intento por cerrar un acuerdo. La cumbre final en el piso 17 del Hotel Emperador, relatada por este diario el viernes pasado, terminó de bombardear cualquier regreso a las conversaciones.
Un nivel similar de bronca con el denarvaísmo mostraron los embajadores de José Manuel de la Sota, que volvió tranquilo a su provincia con un acuerdo general cerrado con De Narváez y poco después se enteró de que su viaje a Buenos Aires había sido sin sentido, cuando de la mano de José Scioli el acuerdo con él también se esfumó. Otro servicio, cree el macrismo, a su hermano el gobernador.
El PRO se maneja ahora con dos líneas de negociación. Si Massa levanta el teléfono y permite colar candidatos en su lista, no habrá segunda opción. Pero el intendente de Tigre ya les dijo a propios y ajenos que se quieren acercar que habilitará las PASO, pero no más que eso. En ese caso, aparecerá la opción heroica: una lista con candidato propio, quizás Jorge Macri en el primer lugar. Parte del PRO presiona por esa opción, como salida elegante para un partido que, consideran, no puede pasar esta elección sin haber armado la provincia de Buenos Aires.


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