21 de septiembre 2011 - 00:00

Arduo: viaja Benedicto XVI a reevangelizar su casa, Alemania

Benedicto XVI
Benedicto XVI
Berlín - El papa Benedicto XVI visitó su Alemania natal en dos ocasiones, pero su tercer viaje, que arrancará mañana, será el primero oficial y el más difícil: la Iglesia Católica germana atraviesa una de las principales crisis de su historia por los escándalos de pederastia y el alarmante aumento de apóstatas.

La presión de Joseph Ratzinger en este viaje de cuatro días es máxima: la secularización es un hecho en Alemania, sólo uno de cada tres está contento con la visita, la cifra de fieles disminuye y los practicantes han perdido la esperanza en que este pontífice abra el camino de las reformas, sobre todo en lo que a sexualidad se refiere.

Benedicto XVI es «el continuista y no el reformista», afirmó el semanario Der Spiegel en su última edición, en la que califica al Papa de «el extraño» y lo tacha de «incorregible» y de «dogmático con miedo a cualquier tipo de reforma».

Y es que mientras caen drásticamente las cifras de bautismos y bodas religiosas y miles de creyentes abandonan la Iglesia -en 2010 se alcanzó el récord de 181.000 personas-, muchos otros prefieren seguir en su seno para promover cambios.

El 53% de los católicos alemanes aboliría el celibato y abriría el sacerdocio a las mujeres, según una encuesta

del instituto demoscópico YouGov. Y en el país de los filósofos, los creyentes buscan cada vez más su propia versión del catolicismo.

Pese a ello, al menos 260.000 fieles seguirán al pontífice de 84 años en este esperado viaje que lo llevará por Berlín, Erfurt, en el agnóstico este, y Friburgo, en el sur.

Benedicto advirtió recientemente de que el objetivo de su viaje no es el espectáculo ni el turismo religioso, sino que los alemanes vuelvan a la fe. Se ha propuesto para ello demostrar que la Iglesia está dispuesta a recuperar la imagen perdida y a luchar por la reconciliación.

Así, el primer Papa en entrar en una sinagoga en Alemania y en pronunciar un discurso en el campo de concentración nazi de Auschwitz, entre otras cosas, se entrevistará con el presidente Christian Wulff y la canciller Angela Merkel, mantendrá encuentros con representantes de las comunidades musulmana y judía, así como de la iglesias evangélica y ortodoxa.

Wulff, católico, está casado en segundas nupcias, al igual que Merkel, protestante. Ratzinger tendrá que encontrar las palabras adecuadas para ambos, conservadores, pero lejos del Vaticano.

Además, hará frente al mayor escándalo ocurrido en su pontificado y se reunirá con algunas víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos.

Pero el plato fuerte será su discurso ante la Cámara baja del Parlamento. Será el primer Papa en hacerlo y encontrará una enorme oposición.

Cuando mañana comparezca en el Bundestag, un centenar de diputados de la oposición abandonará el hemiciclo. Y a la misma hora, más de 15.000 personas se darán cita en el corazón de Berlín, una ciudad con más musulmanes que católicos, para criticar la moral sexual del Vaticano y la presencia de un líder religioso en el Parlamento.

«No tenemos nada en contra de que el Papa venga a Alemania, pero somos un país laico y Benedicto XVI no tiene nada que buscar en el Bundestag», señaló la Federación Humanista de Alemania, una de las más de 60 organizaciones que convocaron a la marcha.

El Papa, que será seguido por más de 70.000 feligreses en la misa que oficiará mañana en el Estadio Olímpico de Berlín, sabe que no será bienvenido en otras estaciones de este viaje a una Alemania tan diferente a la católica Baviera que lo viera nacer.

Sólo el 62% de los cerca de 82 millones de personas que habitan el país más rico y poblado de la Unión Europea son cristianos. De ellos, un 31,4% se confiesa católico: suman 24,6 millones, frente a los 24,1 millones de protestantes. Y «en el país de los muchos dioses», como escribió el Suddeustsche Zeitung, se cuentan también cuatro millones de musulmanes, 200.000 budistas, más de 100.000 judíos y miles de agnósticos y ateos.

«El cristianismo tiene su efecto en la sociedad, al margen de los miembros que tenga la Iglesia», defiende el obispo de Erfurt, Joachim Wanke.

En su opinión, en el este alemán, la Iglesia Católica «es tan desconocida que ha vuelto a ser interesante». En esa región en la que 40 años de Gobierno comunista y 12 de nacionalsocialismo hicieron mella, el Papa buscará sobre todo el acercamiento entre protestantes y católicos, una de las cuestiones más espinosas en el Vaticano.

Agencia DPA

Dejá tu comentario