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Arias homenajea a dos íconos de la cultura popular
Alfredo Arias: “Doña Petrona quería transformar a la clase media en una clase rica repostera, e instalar la ilusión de que éramos un gran país”.
Dialogamos con él.
Periodista: ¿Qué representan para usted estas dos figuras emblemáticas?
Alfredo Arias: Ellas forman parte de ese rompecabezas con el que voy llenando parte de mi historia de infancia, como lo hice anteriormente con Eva Perón (la obra homónima de Copi), Niní Marshall ("Niní) y con el cantante Miguel de Molina ("Tatuaje").
El de Fanny Navarro es un caso patético de la historia argentina. Una mujer que fue destruida por su ideología debido al fanatismo imperante. Para mí, ella es "todo" el cine argentino de esa época que influyó mucho en mi vida. Mi tío Pepe tenía el restaurante de los técnicos y artistas de Argentina Sono Film. Y yo lo iba a visitar todos los domingos con mi abuela porque ese día no se filmaba. Con mis primos jugábamos entre los decorados y nos metíamos en los camarines de los actores. Todos esos recuerdos ahora los utilizo en este espectáculo.
P.: ¿Y Doña Petrona?
A.A.: Sobre ella investigué cuando hice la exposición en Proa ("Patria Petrona", 2011), en la que presenté piezas cerámicas que reproducían tortas de su libro e iban acompañadas por trajes ceremoniales -bautismo, boda, cumpleaños, hora del té- hechos por Pablo Ramírez y cuadros de Juan Stopani. En aquella oportunidad, con Alejandra Radano, hicimos una lectura que se llamó "Tortazo", con textos tomados de su recetario y de la propia oralidad de Petrona. Esa muestra después pasó a Bellas Artes.
P.: ¿Qué encontró además de recetas con 30 huevos?
A.A.: La fundación de una utopía. Ella tenía la ambición de sacar a la gente de la miseria para transportarla a un mundo imaginario fabuloso, como una especie de Disneylandia. Daba toda clase de consejos de cómo comportarse, de cómo llevar una casa... quería transformar a la clase media en una clase rica repostera, e instalar la ilusión de que éramos un gran país. Por eso cada bizcochuelo podía contener 30 huevos. A mí me parece que hay que sacarla de la cocina y ponerla al lado de Marcel Duchamp. Porque ¿a quién se le ocurre comerse, una capilla, un misal, un barco, un panal, una cancha de fútbol? Ella sin darse cuenta construyó una obra surrealista muy fuerte.
P.: ¿Qué papel juega Petrona en esta "Comedia repostera"?
A.A.: De alguna manera el de psicoanalista, y da cuenta de mi evolución. Dialoga conmigo para ir descubriendo el paisaje fotográfico de mi infancia y yo la hago responsable de mis elecciones. Por ella me interesé en el mundo de la cocina que para mí fue como entrar en un parque de diversiones. Pero mis padres veían eso como una amenaza a mi masculinidad, lo mismo que el cine, el teatro y la danza. Por eso me mandaron al liceo militar.
P.: ¿Qué pecado cometió Fanny Navarro?
A.A.: Le hicieron lo que no le pudieron hacer a Eva que tuvo la inteligencia de irse y hacerse mito antes de que la historia se oscurezca. Mientras que Fanny, por ser amiga suya, se convirtió en un chivo expiatorio y fue repudiada por peronistas y antiperonistas. Fanatismo con fanatismo paralizan la historia. Era fácil agarrársela con Fanny Navarro porque estaba totalmente desprotegida y en banda. A mí me conmueve su historia porque ella era actriz, no cometió ningún crimen político ni económico. Tampoco era una ideóloga furibunda. Vivía en un mundo modesto, como de peluquera. Creo que los demás artistas deberían haberla defendido, en lugar de dejarla masacrar y seguir ensuciando su memoria. En todo caso, mi idea es de reparar todo esto y pedir compasión por aquel fanatismo. Lo que contamos tiene como marco la imprevista muerte de su amante, Juan Duarte, que era hermano de Eva. Un caso que quedó entre asesinato y suicidio, y cuya investigación se plagó de ambigüedades. Quizás por eso The New York Times lo comparó con el caso Nisman.
P.: Pero usted se centró en el calvario de esta mujer, más que en el conflicto político.
A.A.: Así es. Fue una persona de ideología peronista, pero su drama trasciende el peronismo. Lo que muestra la obra es el mecanismo de destrucción de una mujer indefensa ante la arbitrariedad del poder político. Ella sufrió un terrible interrogatorio en manos de un personaje siniestro que se hacía llamar "capitán Gandhi". Era una especie de médico inspector, un fenómeno de pesadilla que solo los extremismos pueden crear. En pocas palabras, "Deshonrada" es un drama para y sobre actores. Y también sobre el dolor de ser argentinos.
Entrevista de Patricia Espinosa


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