23 de febrero 2015 - 00:00

Ariel Barchilón: sobre los amores engañosos

Ariel Barchilón: “El poder de la palabra crea ilusiones de amor que con la repetición se vuelven creencias y luego se transforman en amor real”.
Ariel Barchilón: “El poder de la palabra crea ilusiones de amor que con la repetición se vuelven creencias y luego se transforman en amor real”.
Se repuso en el Teatro Cervantes la pieza de Ariel Barchilón "Cartas de la ausente", con dirección de Mónica Viñao. La acción transcurre en los años '30 y tiene por protagonistas a Doña Elvirita, una romántica viuda interpretada por Daniel Fanego, y a Rufino (a cargo de Vando Villamil) un ex presidiario que viaja desde Ushuaia a Buenos Aires para conocer a la mujer con la que intercambió cartas de amor a lo largo de una década. El encuentro develará algunos secretos e identidades ocultas y también pondrá a prueba las ilusiones amorosas de estos dos solitarios. "Cartas de la ausente" se ofrece jueves, viernes y sábados a las 21.30 y domingos a las 21.

Periodista: Rufino era un brutal asesino a sueldo, pero las cartas de una mujer consiguieron humanizarlo. ¿Usted cree que la palabra tiene esa eficacia en la vida real?

Ariel Barchilón: Estoy convencido. El amor humaniza y la palabra es uno de sus vehículos privilegiados, a veces el único cuando hay ausencia y distancia, como ocurre aquí.

P.: Elvirita no sólo disfruta de ese epistolario, también repara sus heridas afectivas a través de la música, el baile y la jardinería, tal como lo haría un artista.

A.B.:
Estoy de acuerdo con su interpretación. Elvirita es una artista porque crea realidades alternativas, virtuales, constantemente. Y de eso trata la obra, de cómo la mentira virtual crea una verdad real. O dicho de otro modo: el poder de la palabra crea ilusiones de amor que con la repetición se vuelven creencias, y luego se transforman en amor real.

P.: Como diría Violeta Parra: "El amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño. Y al malo sólo el cariño lo vuelve puro y sincero".

A.B.
: Me parece excelente esa asociación; ya que no se trata de sensibilizar a un asesino sino de "redimirlo", en el sentido de los procesos sagrados: la limpieza del pecado, la liberación de la culpa, la restauración de la integridad del ser. El amor es ese misterio. Pero más allá de que éste es el tema de la obra, sentí la necesidad dramatúrgica de que mis dos personajes se transformaran a lo largo de la pieza.

P.: ¿Usted echa de menos el epistolario de puño y letra o disfruta por igual del correo electrónico?

A.B.:
Escribir cartas a mano era un ritual de conexión, era esperar un tiempo importante para la respuesta, era en cierto modo un arte que incluía la ortografía, la caligrafía, la poesía. Había libros de autoayuda para escribir cartas de amor y había "escribidores" (como Cyrano) que lo hacían por quienes no tenían ese talento. En cambio, los medios electrónicos (email, chat, whatsapp) al ser tan fáciles, superabundantes y rápidos, anulan el tiempo, la espera y el espacio. Así se ha pasado de una actividad que tenía algo de aura sagrada a una acción trivial, completamente profana. Pese a eso, hoy en día, con los medios electrónicos se producen fenómenos semejantes a la ilusión de amor que planteo en mi obra.

P.: ¿Qué otros lenguajes inspiran su escritura dramática?

A.B.:
Creo que mi fuente más poderosa de inspiración son los sueños. Llevo un diario de sueños desde los 20 años y ese es mi tesoro. También tiene gran incidencia el cine y la pintura; soy muy visual. Pero los sueños son la fuente madre.

P.: ¿Estás escribiendo alguna nueva obra?

A.B.:
Acabo de terminar la primera versión de "Ni esa luz que la sangre sabe dar". El título cita un verso de la "Zamba del ángel", de Ariel Petrocelli, y esa zamba circula por toda la obra. Tomé un tema arquetípico: el regreso de un padre que ha estado ausente muchos años. La singularidad de este regreso, es que el padre tiene "el mal del sueño", y lo traen dormido de vuelta a su hogar, donde está la esposa (que lo ha esperado todo este tiempo) y la hija que era bebé cuando él se fue y ahora es una mujer joven. Digamos, con todo respeto, que es una cruza de "La Odisea", con mi cuento de hadas favorito: "La bella durmiente". Todo en tono de zamba criolla. Una obra bien gauchita.

Entrevista de Patricia Espinosa

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