26 de marzo 2014 - 00:00

Arvizú, dueño del doblaje

Como informó en su momento este diario, el hombre que durante años dobló para toda Hispanoamérica a Pedro Picapiedra y Pablo Mármol, Benito Bodoque y Cucho, el Pájaro Loco, el Pato Lucas, el Superagente 86, y otros muchos personajes, murió el martes pasado en ciudad de México, víctima de una insuficiencia respiratoria. Jorge Arvizú, alias El Tata, maestro del doblaje, había nacido en 1932 en Celaya, estado de Guanajato. Abandonó su hogar a los 11 años, fue ayudante de mago, payasito en fiestas infantiles, actor de cabarés y teatros de provincia, luego asistente de producción en televisión, actor de reparto en telenovelas y películas, etc. Sus pasos se encaminaron en 1955, el día en que don Edmundo Santos, el gran doblador de las películas Disney, lo descubrió y lo puso delante del micrófono, haciendo la voz del chihuahua en "La dama y el vagabundo".

A partir de ahí Jorge Arvizú hizo las voces de Mr. Magoo, Pedro y Pablo y cuanto otro personaje le propusieran, incluyendo el Tío Lucas, el Pingüino de la serie "Batman", el robot de "Perdidos en el espacio", Beto y Comegalletas de "Plaza Sésamo", el Charlie de "Mi bella genio", nuevas ediciones del Super Ratón, las Urracas Parlanchinas, Bugs Bunny, Popeye, etc., hasta el Ramón de "Cars" y más allá. En el mercado interno mexicano también hizo la voz de Michael Corleone para "El padrino", el Skinner de "Ratatouille", etc. Muchas veces él mismo traducía los diálogos, agregaba referencias locales y aportes gozosos, como el memorable grito "yabadabadú. En los ratos libres, ya septuagenario, fue pintor y músico de jazz. Acá estuvo en el 2010, como invitado de honor del Animate (la convención de comics de toda clase) de ese año.

"Si quieren conocer a mi padre, analicen a Pedro Picapiedra. Son igualitos", dijo su hija, despidiéndolo con un especial discurso fúnebre: "A la calaca, tilica y flaca, le dio pelea y cada vez que estiraba la mano, mi papá le daba la curva, pero finalmente se fue bien, tranquilo y en paz". Sus cenizas fueron esparcidas en las costas de Acapulco, y acaso algún rincón de esas playas pronto pase a llamarse Rocapulco. Es lo mínimo que corresponde.

Paraná Sendrós

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