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“Aún se conoce muy poco de la Triple A”
Javier Diment en rodaje: «La viuda del custodio Almirón es el corazón del documental. Su punto de vista nos instala en lo más íntimo de aquel grupo y aquella época».
Periodista: ¿Cuándo y cómo supo de la Triple A?
Javier Diment: En 1973 ya estaba en la escuela primaria, y la Triple A era un tema cotidiano. Pero entonces me bastaba saber que López Rega era malo y mandaba matar a los buenos. Con los años fui entendiendo algo mejor de qué se trataba, y cuando empecé esta película tomé una real dimensión de sus complejidades. Era la punta de un iceberg monstruoso, un mecanismo que todavía no se logró desactivar.
P.: ¿Cómo decidió hacer esta película?
J.D.: Me interesó la historia de Eduardo Almirón y Juan Ramón Morales, policías con un historial tremendo de mejicaneadas, asesinatos a sangre fría, extorsiones, etc., tanto que fueron dados de baja. Pero gracias a López Rega fueron reincorporados, ascendidos, convocados para la custodia de López e Isabel, y convertidos en «cabeza operativa» de la Triple A. Primero pensamos, con unos colaboradores, en una ficción como «América», de James Ellroy, un policial negro violentísimo enmarcado en la época del asesinato de Kenedy. Luego apareció la idea del documental, lo que permitiría financiar la investigación, y aquí estamos.
P.: ¿Realmente la obra se queda en la prehistoria?
J.D.: La idea era esa. Luego advertí que estaría muy bien incluir cuestiones como la estructura de la Triple A, abierta a cualquier peronista violento con ganas de matar a un izquierdista, el protagonismo de ciertos elementos de la derecha sindical, el papel de Perón en este asunto, etc., porque a nivel masivo (y me incluyo), es ínfimo lo que se sabe de todo esto, y hay muchos interesados en que esa ignorancia se perpetúe.
P.: ¿Qué investigadores lo acompañaron?
J.D.: Ricardo Ragendorfer y Facundo Cardozo como periodistas, Nicanor Loreti y Juan Elvis Pereyra en la producción, y Cecilia Guardati, una periodista argentina radicada en Barcelona, que contactó y armó la entrevista con Ana María Gil Calvo, viuda de Eduardo Almirón.
P.: Con su aire de inocencia, esa mujer es impresionante. ¿Cómo logró su confianza para hacerle contar tantas cosas?
J.D.: Cuando supe que estaba dispuesta a darnos una entrevista, decidí reventar la tarjeta de crédito y viajar a España. No sabía con qué nos encontraríamos, pero valió la pena. Ana María es el corazón del documental. Su punto de vista nos instala en lo más íntimo de aquel grupo y aquella época, es una espectadora privilegiada, puede llevar al nivel del chisme lo que para alguien más remoto sería un material naturalmente solemnizado por la historia. Y además su punto de vista es muy, muy particular, de una aparente ingenuidad que por momentos raya en el cinismo, y por momentos en la locura. La verdad es que ella tenía muchas ganas de hablar. Lo que hubo que hacer, sí, fue un gran esfuerzo para no discutirle, para escuchar con la mayor tranquilidad las barbaridades que nos contaba.
P.: ¿Y el poeta del odio? ¿Cómo lo convenció para que recite sus versos? ¿Le advirtió que muchos espectadores habrán de aborrecerlo?
J.D.: Ruiz de los Llanos es un poeta nacionalista extremo, que colaboraba en la revista «El caudillo», donde celebraban cada crimen de la Triple A y anunciaban los próximos. El sabía perfectamente que nuestras ideas no se correspondían con las suyas, pero aceptó dar sus puntos de vista. De hecho, una vez hicimos una proyección para el equipo, él me escribió que quería ir, y yo le dije que mejor no, ya que su presencia iba a ser una provocación. El es muy consciente del rechazo que provoca. Pero así y todo le interesa hacer oir su versión de las cosas.
P.: Habiendo todavía varios miembros sueltos de la Triple A y varios admiradores y seguidores, ¿hubo algo de temor durante el rodaje, o lo hay ahora ante el estreno?
J.D.: No, la verdad que no. Pero encontramos miedos ajenos. Algunas personas no quisieron hablar, otros no se animan a entrevistarnos, incluso nos costó tanto conseguir distribución, que con Daniel Botti, el productor comercial, decidimos distribuirla nosotros mismos. Por otro lado, el momento político es perfecto para que se abra este debate.
P.: ¿Por qué las escenificaciones a cargo de actores profesionales?
J.D.: Lo que se trasluce en cada entrevista es que cada cual elige cómo contarse la historia. En mi relato personal, atrás de las circunstancias políticas, hay gente. Y lo que quiero es ver cómo se mueve esa gente increíblemente jodida, ansiosa de soltarse con cualquier excusa, y siempre disponible para cuando el Poder la necesite. Para eso necesitaba actores que dieran una sensación de verdad incontestable, lo cual creo que realmente lograron. Luis Ziembrowski, Sergio Boris, Pablo Krynski, Lorena Vega, son talentosísimos, además les encantan los desafíos y comparten la propuesta central, así que allá fuimos.
P.: ¿Y para cuándo una ficción sobre el mismo tema?
J.D.: No sé, me encantaría, pero los tiempos del cine son lentos e imprevisibles. Lo que sí, es que la línea a seguir sería exactamente la que se vislumbra en este documental.
Entrevista de P.S.


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