11 de mayo 2009 - 00:00

Aute: “Por fortuna, ya no hay sacerdocios en el arte”

Luis Eduardo Aute: «No hay nada más adverso al arte que la disciplina; yo me considero un indisciplinado de la disciplina».
Luis Eduardo Aute: «No hay nada más adverso al arte que la disciplina; yo me considero un indisciplinado de la disciplina».
Cantante, guitarrista, compositor, poeta, pintor, cineasta. Luis Eduardo Aute, a los 65 años muy bien llevados, mantiene su aspecto intelectual y bohemio. Nacido en Manila, hijo de un catalán y de una filipina con ascendencia española, se formó escolarmente en inglés, vivió en Francia y lo hace desde hace muchos años en Madrid. Aute ofrecerá dos conciertos en el ND/Ateneo de Buenos Aires (22 y 23 de mayo) y actuará además en Rosario y La Plata con su más reciente obra, «Memorable cuerpo».

«Suelen hablar de un espíritu renacentista cuando se refieren a las distintas cosas que hago» -dice a este diario-. «Pero la verdad es que no lo siento así. Hago mis exposiciones, escribo mis poesías -no así narrativa; siempre he sido negado para eso-, toco la guitarra, canto y grabo mis discos, siempre he estado ligado a la realización cinematográfica. Pero para mí no se trata de compartimentos estancos. Esas cosas han estado siempre en mi vida y son maneras de mostrar mis ideas, de expresarme, a través de medios diferentes».

Periodista: ¿Y cuáles son esas ideas que busca expresar de tan diversas maneras?

Luis Eduardo Aute: Lo de siempre también: indagar sobre el ser humano, sobre la vida, la muerte, el sexo, el amor, el abandono, y hasta el fútbol si usted quiere. Entonces, lo que ocurre es que voy buscando el medio que me parece más adecuado en cada caso.

P: ¿Eso implica una manera caótica de acercarse a los materiales potencialmente artísticos y de trabajar con ellos?

L.E.A.: Yo no tengo conciencia de la diferencia entre mi vida y mi trabajo. Yo juego con los lenguajes y con las herramientas que se me presentan. Mi vida es eso: desarrollar todas esas actividades.

P.: ¿Tampoco siente diferencias en el modo de conectarse con el público frente a expresiones tan disímiles como, por ejemplo, la canción y la pintura?

L.E.A.: Claro que sí. La música es más directa, más masiva; la pintura es para un público más pequeño, minoritario. Por eso, seguramente, se me conoce más como cantautor que como pintor o como poeta; pero honestamente no son temas en los que piense habitualmente.

P.: ¿Tampoco tiene problemas o desencuentros con quienes manejan comercialmente su obra en los distintos terrenos?

L.A.E.: Mire: mi «marchant» es un roquero al que le gusta la música más que a mí y tiene una galería de vanguardia. Y cuanto a la discográfica, a esta altura puedo darme el lujo de elegir todo lo que hago sin que nadie me haga cuestión. El arte contemporáneo, afortunamente, es polivalente y ya no hay sacerdocios, como sí pretendía haberlos años atrás. Pienso que no hay nada más adverso al arte que la disciplina; así que yo me considero un indisciplinado de la disciplina; y así me siento satisfecho.

P.: ¿Qué es exactamente «Memorable cuerpo»?

L.E.A.: Es una caja que hicimos para celebrar mis 40 años de trabajo y que contiene distintos modos de expresión. Hay siete CD's -entre los que hay uno inédito y otro que ya estaba descatalogado- con un total de 115 canciones, 2 DVD's inéditos con las grabaciones de dos conciertos, y un libro de 84 páginas con reproducciones de fotos y de otras obras plásticas. Por el momento es una edición limitada que está siendo publicada exclusivamente en Europa. Y lo bauticé así en homenaje al poeta Paul Éluard, que escribió su poema «Corps mémorable». En la Argentina y en el resto de América Latina, mientras tanto, se editará mi tercer «Autorretrato», que es parte del material de «Memorable cuerpo».

P.: ¿Eso es lo que estará presentando en los conciertos?

L.E.A.: Serán canciones de distintas épocas, que haremos con tres músicos, un grupo más reducido que los cinco con los que toco en Europa; pero usted sabe, los tiempos están complicados.

P.: ¿Hacía mucho que no venía a la Argentina?

L.E.A.: Algo de tres años, creo. Y la verdad es que, sin demagogias, es un lugar al que me gusta ir. Porque Buenos Aires me hace sentir en Europa, aunque no soy muy europeísta, y porque allí hay un público atento, no apasionado, y cálido sin ser caliente.

Entrevista de Ricardo Salton

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