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Avance cooperativo en genética porcina
La mayoría de los integrantes de la Cooperativa de Bell Ville son productores pequeños que estuvieron a punto de desaparecer del circuito, pero ahora apuestan a crecer.
Esta integración permitió alcanzar un total de 2.500 madres, con un promedio de parición anual del orden de 1,7 lechón, aunque en algunos casos alcanzan a 2,5 pariciones. Carlos Rivera, uno de los socios y gerente de esta Cooperativa, tiene desde 2008 la responsabilidad de establecer las políticas comerciales y la incorporación de genética porcina de última generación, además de gestionar la actividad e intentar defender los intereses de los productores.
El Grupo en sus comienzos estaba formado por 18 productores, y hoy suman 26. Con la integración lograron mejorar la producción, los resultados en calidad y volumen de carne. La mayoría de sus integrantes tienen un stock de madres que oscilan entre las 30 y las 200 cabezas.
«Hicimos una prueba piloto y funciona, porque la mayoría de los integrantes son productores pequeños que estuvieron a punto de desaparecer del circuito productivo y ahora quieren crecer», consignó Rivera a Ámbito del Campo.
Al tratarse de economías familiares en la mayoría de los casos, muchos de sus integrantes debieron consultar para decidirse o no por la asociación a la Cooperativa con base en Bell Ville. Hasta no hace muchos meses la oficina no era más que una camioneta y un teléfono celular.
Una de las condiciones que se impuso es que cada integrante de la Cooperativa debía provenir de alguno de los cinco grupos de Cambio Rural, una iniciativa que tuvo sus orígenes a comienzos de los años 90 bajo la tutela del INTA. Otra de las características del emprendimiento es que los miembros no tienen la obligación de integrar la totalidad de sus porcinos como capital, aportan el volumen que consideran necesario.
Acuerdos
En la Cooperativa se lleva un libro de actas en el cual se hace constar los temas de cada reunión y además se establece un cronograma anual de visitas mensuales a los establecimientos de cada uno de los integrantes de la cooperativa. En las visitas mensuales a los criaderos se anexa una charla de capacitación, sobre alimentación, aspectos sanitarios y comercialización. De ahí surgen proyectos que luego se fijan como objetivos.
«Cada vez son más los socios que aportan casi la totalidad de la producción a la Cooperativa». Esto se debe a que con mayor aporte se reciben más beneficios, tales como bonificaciones en la adquisición de insumos veterinarios, alimentos, comercialización y, sobre todo, en lo referido a la genética, uno de los aspectos más importantes del éxito de estos productores.
«En el caso de Pig Ranch, que nos provee de genética para todos los criaderos, en madres y padrillos, establecimos un sistema de canje, que consiste en comprarle todos los animales de reposición y le pagamos con los descartes. En el caso de los porcinos que no son capones y de las chanchas lo toman al 70% o al 75% de valor, de acuerdo con los rindes que tengan», comentó Rivera. Los socios de la Cooperativa también incorporaron genética del INTA y, cada uno de ellos paga con lo que obtiene. En la parte de sanidad los medicamentos se compran a un laboratorio, que también incluye descuentos, de los cuales una parte es para la Cooperativa. De acuerdo con la oportunidad que haya en el momento, además hay un convenio con el laboratorio Biotel, de nutrición animal y el socio recibe la producción de alimentos con descuentos muy importantes.
Termoplas es otro de los convenios que tiene la Cooperativa para el caso de las instalaciones. Para la compra de los suplementos alimentarios de soja, el socio también tiene un descuento importante o puede acceder a un canje.
Comercialización
La Cooperativa tiene acuerdo con cuatro frigoríficos, (Alimentos Magro de ACA; Frideco; Detwiler SA y Sudecor de Bell Ville) a los cuales se les envían los lechones terminados. El 80% de la producción se coloca en Córdoba, pero la gran limitante es el volumen, porque a veces no se puede cumplir con los cupos.
Gracias a la incorporación de genética y la voluntad de hacer las cosas bien, estos productores lograron mejorar la calidad y el precio (reciben $ 6,50 el kilo vivo). El negocio cierra a esos valores, «pero si caen $ 1 se nos va a complicar», advirtió Rivera.
«En la parte productiva pusimos el foco en la mejora de la genética, porque en los últimos dos años la cosa estaba un poco floja y no daba para hacer muchas inversiones. Gracias a una mejora de los precios la gente se entusiasmó un poco más para hacer inversiones», indicó el gerente de la Cooperativa.
Sin embargo, la importación de pulpa de cerdo proveniente de Brasil hoy juega un papel complicado y desalienta las perspectivas en el corto plazo, por eso estos productores prefieren dar un paso más corto hasta que mejore la situación.
Hoy uno de los objetivos, más allá de haber cumplido las metas fijadas, es imponer la marca como producto en el mercado interno y darle un valor agregado. Los socios de la Cooperativa, ahora esperan que se les otorgue la personería jurídica para poder consolidar el emprendimiento y abordar nuevos horizontes.

