Avanza en empresas un duro documento de la Iglesia

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La Junta Directiva de la Unión Industrial Argentina (UIA) discutirá hoy a la tarde el documento que la semana pasada entregó a su presidente, Héctor Méndez, el titular de la Pastoral Social de la Iglesia, el obispo Jorge Casaretto, y que lleva por título «La pobreza: un problema de todos».

El órgano es el más numeroso de la UIA, y funciona como una suerte de Parlamento en el que están representados los distintos sectores industriales y las regiones geográficas. La semana pasada Casaretto había estado reunido con la «mesa chica» de la UIA (más reducida que nunca: muchos directivos habían ya partido hacia sus minivacaciones de Pascua).

Según trascendió, la intención de la Iglesia sería lograr la adhesión no sólo de la UIA sino también de la CGT, la CTA, las entidades del campo, la CAME, ADEBA y en general todas las entidades representativas de la producción y el trabajo. El documento ya fue remitido o entregado a esas asociaciones.

El núcleo central del «paper» eclesiástico es la pobreza; sin embargo, su inocultado tono opositor lo haría inaceptable para los empresarios y gremialistas más cercanos al Gobierno. Hoy en la Junta se verá cuánto consenso tiene el documento en la central fabril.

Sucede que allí cohabitan dos tendencias bastante definidas: quienes están conformes con la acción oficial y quienes se han beneficiado de las medidas «productivistas» (léase proteccionistas), pero están hastiados de la inseguridad jurídica, la falta de definición en temas clave como la ley de accidentes del trabajo, la corrupción y los destratos del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Fuera de la UIA también se lo está estudiando. «No nos parece un documento opositor; está centrado en la pobreza y no tendremos ningún problema en suscribirlo», le dijo a este diario Osvaldo Cornide, presidente de CAME. En sentido inverso, la CGT se negaría a apoyar la iniciativa eclesiástica.

La decisión de Cornide se basaría en el hecho de que el «paper» evita aludir al Gobierno como principal responsable de la pobreza y la inflación, y elogia el plan de asistencia a la niñez lanzado a fines del año pasado.

Está previsto que el documento sea presentado oficialmente el 14 de abril en la sede del obispado porteño, y con la presencia del cardenal primado de la Argentina Jorge Bergoglio. Allí, siempre de acuerdo con trascendidos, se le pedirá al Gobierno que tome medidas contra la inflación, una de los motores históricos del empobrecimiento de vastos sectores de la población.

Lo llamativo de este documento es que, por la acción de la jerarquía de la Iglesia Católica, los principales dirigentes empresarios no sólo se sentarán a la misma mesa, sino que pondrán su rúbrica en un documento común. Esto sucederá pese a la profundas diferencias que los separan, de las que este diario dio exhaustiva cuenta hace una semana.

Todo hace suponer que Casaretto y Bergoglio lograrán que los ruralistas y la UIA dejen de lado su enfrentamiento que data de los difíciles días de la Resolución 125; que los banqueros nacionales que encabeza Jorge Brito y que se han convertido en la cabeza del denominado Grupo de los Siete no se opongan a que la AEA participe de la ceremonia, por citar algunos ejemplos.

De todos modos, conociendo la habitual falta de aceptación de la crítica (aún la más modesta) que ha exhibido el matrimonio presidencial desde el inicio de su gestión, lo que podría ser interpretado hasta como una prenda de paz seguramente será leído en la Casa Rosada poco menos que como una declaración de guerra. Los empresarios lo saben, pero esta vez eligieron -al menos en su gran mayoría- alinearse detrás de la Iglesia.

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