19 de agosto 2010 - 00:00

Avatares

  • El kirchnerismo sabía desde que comenzó la sesión que la batalla por frenar el 82% estaría perdida si la oposición lograba el quórum. Y lo hicieron por 135 votos, sin contar a los seguidores de Claudio Lozano y Fernando Pino Solanas que se sumaron más tarde. Ante lo inevitable, los diputados sindicales hicieron lo que mejor saben: para no quedar pegados a un rechazo impopular negociaron con el propio Néstor Kirchner abstenerse en el recinto a la hora de votar. Un clásico instinto de supervivencia. 

  • Ricardo Alfonsín se entrenó ayer en el uso de la presidencia. No era el caso de la Nación, pero sí de la Cámara de Diputados, la que en otras ocasiones encabezó ante ausencias de Eduardo Fellner. Cuando la sesión estaba por comenzar cruzó el Salón de Pasos Perdidos y para evadir a la prensa ensayó en medio de carcajadas: «Déjenme que tengo que ocupar la presidencia».

  • El kirchnerismo intentó por todos los medios frenar la sesión de ayer. Y lo hizo hasta el momento mismo en que había comenzado. Agustín Rossi dio la orden a su bloque de anotarse en la lista de oradores para demorar la votación. Y lo obedecieron: 60 oficialistas se apuntaron para hablar de un proyecto del que estaban en contra. Sumados a los discursos de la oposición garantizaron un debate hasta la madrugada, con el único objeto de sacar del horario central de los noticieros televisivos a la votación de la suba al 82% móvil a los jubilados. No es una estrategia nueva: los Kirchner nunca aceptaron la transmisión en directo de sus malos momentos en el Congreso. 

  • Ricardo Colombi, gobernador de Corrientes, aprovechó el día para superar al Congreso. Ayer anunció un aumento de la jubilación mínima provincial a $ 1.400, una medida que llega a 8.500 pasivos. «Esto se hace cuidando el equilibrio financiero del Instituto de Previsión Social; más allá de otras cuestiones que hay que seguir trabajando para mejorar», dijo Colombi. Pero el impacto financiero no será menor: para emular a los Diputados el gobernador debió aumentar 120% la mínima actual que apenas superaba los $ 600.

  • La discusión central ayer en Diputados no fue sobre la necesidad o no de aplicar el 82% móvil a las jubilaciones, sino el financiamiento para ese medida. El kirchnerismo insistió con los argumentos que ya habían llevado al Congreso Amado Boudou y Diego Bossio: la ANSES no puede hacer frente a ese costo de más de $ 20.000 millones sólo para la suba, sin contar el reajuste de los haberes que vendrá con la aplicación por ley de los criterios del fallo Badaro.

    En medio de esas discusiones aparecieron variantes de financiamiento. Hasta la sesión, la más debatida fue la propuesta por Claudio Lozano y Fernando Pino Solanas: subir los aportes patronales a los niveles de 1992 y financiar el resto con excedentes de la ANSES y partidas del Presupuesto Nacional.

    Pero hasta los opositores se asustaron ayer cuando escucharon la explicación de Carlos Heller al afirmar que «el 82% móvil es una medida justa, necesaria y posible». El diputado oficialista pidió devolver el proyecto a comisión por no estar dadas las condiciones para aprobarlo, pero explicó luego en un comunicado un menú de financiamiento posible para pagar la suba que asustó a la oposición:

    - se debe restituir a las empresas al sistema de aportes patronales, tal como funcionaba antes de las medidas adoptadas por Menem y Caballo en los noventa, exceptuando del incremento a las pymes»;

    - eliminar la exención a las ganancias obtenidas por intereses de títulos públicos;

    - lo mismo para las ganancias provenientes de compraventa de acciones y demás títulos comprados por personas físicas;

    - eliminar a la exención a los ingresos de jueces;

    - eliminación de la exención establecida a los intereses de depósitos en entidades financieras y obligaciones negociables percibidos por personas físicas, estableciendo parámetros que protejan a los pequeños ahorristas. 


  • Desde Diputados ya se anticipa que el debate del proyecto en el Senado será complicado y con acusaciones cruzadas. Allí no está claro que la oposición pueda lograr el quórum, de hecho hace tres semanas fracasó un intento por sancionar otra versión de la ley del 82% móvil. Por las dudas, los diputados comenzaron a amenazar: «Una vez que aprobemos la ley del 82% móvil se convertirá en la 125 de los abuelos y toda la sociedad pondrá la lupa sobre el Senado. Entonces sabremos quién es quién. Algunos saldrán de shopping o se inventarán viajes, pero lo cierto es que los que voten en contra o registren ausencias, serán juzgados por sus comunidades», dijo Gerardo Milman del GEN abriendo así el juego de la mancha venenosa para el libro de pases de los senadores.