Keith Stricklna, Cindy Wilson, Fred Schneider y Kate Pierson, integrantes centrales del grupo B-52.
The B-52: Kate Pierson (voz) , Fred Schneider (voz), Keith Strickland (guitarra), Cindy Wilson (voz). Sterling Campbell (bateria), Tracy Wormworth (bajo). Luna Park. 15 de abril.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Los B-52 no editaban un disco de estudio desde 1992, y dado que este año grabaron uno nuevo, «Funplex», la banda característica del new wave que siguió al punk de la segunda mitad de los años '70 puede mostrarse en vivo como algo más que un grupo de revival de viejos hits. Lo que no significa que el show que ofrecieron en un Luna Park razonablemente semi-lleno no dependiera en buena parte de la contundencia de sus clásicos.
Ya habían sonado un par de temas del concierto cuando el estadio realmente explotó en aplausos al escuchar un tema clave en la historia del grupo, «Private Idaho», el primero que llevaba a la audiencia a la era de oro de estos músicos modernos del siglo pasado, aunque bastante bien adaptados al siglo XXI.
Con una puesta simple, basada en una serie de figuras kinéticas cercanas al op art moviéndose detrás del escenario, más eventuales flashes estroboscópicos y una muy buena iluminación en vivo, queda clara la originalidad de una banda con tres cantantes que van tomando la primera voz en atractivos contrapuntos, todo apoyado por una firme sección rítmica (la bajista y el baterista son músicos acompañantes, no auténticos miembros de la banda, pero hacen su trabajo más que bien, igual que el tecladista) y conducidos desde lo musical por el único miembro original que no canta, el incansable guitarrista Keith Stricklna, que curiosamente nunca tocó dos temas seguidos con la misma guitarra, provocando un stress permanente en el personal técnico encargado de intercambiar alguno de sus tres modelos entre canción y canción.
El cantante Fred Schneider mostró un dominio bastante inusual del castellano, al punto de poder traducirle al público los nombres de los temas al presentarlos (como «La casita del amor» por el hit «Love shack», uno de los más festejados por los fans) o incluso agregando frases en español en medio de los temas, exclamando cosas como «¿Dónde estal el vino?», con el sentido del humor acorde con todo lo que tiene que ver con esta banda bautizada por los peinados altos kitsch que lucían en los buenos viejos tiempos las dos cantantes femeninas. Kate Pierson tuvo sus momentos solista, y también algún dueto con Cindy Wilson -por ejemplo en uno de los mejores temas nuevos, «Juliet of the Spirits», obviamente inspirado por el film de Fellini-. Los fans, que interrumpieron un par de veces el show con sus cantitos, recibieron muy bien los temas nuevos, pero sin duda lo mejor del concierto fue el gran final con dos de los esenciales de la banda, «Rock Lobster» y especialmente el ululante e hipnótico baile extrarrestre de «Planet Claire». El concierto duró casi exactamente 90 minutos, entendible dado el despliegue vocal y físico -por el baile constante en escena- de estos artistas que si bien se divierten como chicos, no lo son.
Dejá tu comentario