Balance y lo que se viene

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Definitivamente 2016 ha sido un año transicional. En lo personal, en el núcleo de la institución que me toca presidir, en el sector inmobiliario y en el contexto económico, político y social.

En lo particular, el desafío de reconvertir una entidad histórica. Soy la cara visible de un equipo que trabaja para consolidar un gremio que se ha visto atravesado por tiempos complejos de restricciones a los modelos tradicionales de hacer negocios. Que vive aun una transformación profunda en su accionar como consecuencia, entre otros aspectos, de la inevitable incorporación de las TIC, que demandan mayor entrenamiento y la adquisición de nuevas herramientas.

Muchos colegas cruzaron sus límites y se han consolidado como desarrolladores de sus propios emprendimientos. Esto también necesitó ejercitar una mirada de 360° del mercado. Otros, se vieron obligados a trabajar duro para mantener la estructura de sus empresas. Surgieron nuevos paradigmas de cómo ejercer la actividad, lo que provocó un cimbronazo en el corazón del profesional inmobiliario. Pero los objetivos neurálgicos de la CIA no se vieron afectados. La adaptabilidad a los cambios, comprender la realidad que nos toca y actuar para proyectar un futuro de crecimiento, siguen en pie.

La estabilidad cambiaria, la transparencia de los indicadores, el sinceramiento fiscal, el acceso al crédito hipotecario que asoma, son signos alentadores. No así los índices inflacionarios que parecen aún no darnos tregua. La clave estará en la capacitación y la formación para elevar la vara que nos exige no sólo en lo que nos atañe como empresarios sino además, en nuestro rol social.

Estar atentos a las necesidades, a las oportunidades y generar demanda. Proyectar a largo plazo. Propiciar el diálogo intersectorial, sellar acuerdos, abrir las fronteras hacia el mundo y unirnos para, a pesar de las diferencias, generar trabajo y prosperidad.

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