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Balzac: un vidente de las catástrofes económicas modernas
Francisco Javier, especialista en teatro francés: «Balzac fue un anticipado, describe en términos económicos el mundo que vivimos en las últimas décadas. Parece que hubiera visto el futuro».
Del puñado de piezas que escribió triunfó una sola, «El especulador» («Le faiseur»), estrenada un año después de su muerte. Es un texto de sorprendente actualidad, ya que plantea una situación muy parecida a las actuales crisis económicas. La obra ha sido traducida, adaptada y dirigida por Francisco Javier (especialista en teatro francés, doctorado en Estudios Teatrales de La Sorbonne, además de docente e investigador de la UBA) y se representa de miércoles a domingo, en la Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín.
Integran el elenco Daniel Fanego, Elena Tasisto, Tony Lestingi, Malena Figó, Diego Mariani, Walter Quiroz, Gabriel Rosas, Sebastián Richard, Roberto Saiz, Carlos Silva, Gabriel Molinelli y Nelson Rueda.
«Balzac tuvo una vida muy difícil y fue ingenuo al creer que el teatro era el medio más rápido para ganar dinero, por supuesto no ganó nada con sus obras teatrales», asegura Javier.
Periodista: Esa obsesión por el dinero está muy presente en toda su narrativa.
Francisco Javier: Según un crítico, al que cito en el programa de mano, la totalidad de la obra de Balzac constituye un ente orgánico, y lo que corre a través de ese ente no es la sangre sino el dinero.
P.: En «El especulador» retrata con mucha gracia a un tramposo que engaña a incautos para que inviertan en proyectos que supuestamente les brindarán rápidas ganancias.
F.J.: Sí. Y su protagonista, Mercadet, es simpatiquísimo y está lleno de vida. El público disfruta mucho con sus engaños porque es un gran seductor y además tiene la gran habilidad de detectar de inmediato cuál es el punto débil de cada individuo. Cuando sus legítimos acreedores vienen a pedirle que les pague, él les dice con toda frescura: «Esta deuda no tiene ninguna importancia, ni para usted ni para mí. En cambio usted se está perdiendo de ganar mucho más dinero con las acciones de la India», y ahí los envuelve de nuevo. Balzac fue un anticipado, describe en términos económicos el mundo que vivimos en las últimas décadas. Parece que hubiera visto el futuro.
P.: Tanto, que muchos van a creer que usted tocó la obra.
F.J.: Ah no, aclaremos ya ese punto. Yo respeté el texto, no toqué ni una coma. Lo que hice fue recortar algunas escenas innecesarias y condensar la obra en una hora y cuarto. Antes duraba tres horas y pico. Estaba obligado a hacer estas intervenciones porque Balzac no era dramaturgo. Y eso se ve en la estructura, construida con escenas aisladas y casi sin ningún nexo entre ellas.
P.: También en eso fue un adelantado. Porque el teatro de hoy se inclina más por lo fragmentario.
F.J.: Claro, y ahora lo llamamos lenguaje cinematográfico ¿no? Recuerdo que cuando vi la obra en Paris en 1957, con dirección de Jean Vilar -yo estaba becado por el Gobierno de Francia- me había parecido demasiado larga, aún teniendo en cuenta que el espectador francés está acostumbrado a escuchar mucho texto. A diferencia de nosotros que no tenemos tanto regodeo con el lenguaje.
P.: Hablando de lenguaje, se dice que Balzac fue quien popularizó el término «faiseur» con esta obra.
F.J.: Así es. «Faiseur» viene del verbo hacer. Literalmente es un «hacedor», pero Balzac le da un sentido peyorativo. Es aquel que hace muchas cosas pero siempre para su exclusivo beneficio.
P.: También resulta curioso que el socio fantasma del protagonista (al que todos esperan durante casi toda la obra) se llame Godeau, que se pronuncia igual que Godot.
F.J.: No fue casual. Martin Esslin en su libro «El teatro del absurdo» sugiere que Samuel Beckett ya conocía a ese personaje cuando escribió «Esperando a Godot». Hay una gran similitud en las dos obras en relación a esto de esperar a un individuo que no se deja ver. «El especulador» también tiene una fuerte proyección en el plano metafísico.
P.: ¿Qué nos puede decir de Justino, el criado de Mercadet?
F.J.: Justino es el favorito. No solamente admira mucho a Mercadet; también lo imita, y eso le permite a Balzac incluir muchas bromas. Hay una que siempre me hace reír porque pienso en cómo van a reaccionar los argentinos. Es cuando Mercadet le dice al criado: «Uy, si seguís así vas a llegar a ser mi secretario». Y Justino le responde: «siempre que no tenga que escribir». Y su patrón le contesta: «Los secretarios de un ministro no escriben». ¿Qué hacen, entonces? «Las tareas de la casa». ¿Sabe quién hacía el papel de Justino en la puesta que vi en mi juventud? Philippe Noiret ¡Qué magnífico actor! Recién estaba empezando y era un gordito muy simpático.
P.: Roland Barthes definió a Mercadet de manera brillante ¿Tiene por ahí la cita?
F.J.: Sí, aquí va un fragmento: «Mercadet (el especulador) es un alquimista: trabaja para obtener algo de la nada. La nada en este caso es la deuda (...) Mercadet ya no trabaja con objetos («bienes»), como un propietario a la antigua, sino con relaciones, como el especulador que se anuncia en el firmamento capitalista (...) Es un hombre que pone en juego todos sus recursos para escapar a la camisa de fuerza de sus deudas. En modo alguno por moral; más bien por una especie de ejercicio dionisíaco de la creación».
Entrevista de Patricia Espinosa


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