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Bello homenaje de Fernando Cabrera a Mateo-Darnauchands
Acompañado por el guitarrista Edu Lombardo, Fernando Cabrera trajo a la Usina del Arte el recital de homenaje a Eduardo Mateo y Eduardo Darnauchans, dos próceres de la música uruguaya.
Pocos argentinos conocen a Eduardo Mateo y casi nadie a Eduardo Darnauchans. Sin embargo, se trata de dos artistas muy importantes de la canción uruguaya.
Mateo (Montevideo, 1940-1990) es directamente uno de los padres fundadores de la cancionística en su país, sobre todo la ligada al pop-rock. En él se inspiraron de Jaime Roos a Ruben Rada y su influencia se sigue viendo hasta en cantautores modernos como Jorge Drexler o Martín Buscaglia (hijo de Horacio, coautor con Mateo de la bellísima "Príncipe azul"). Y si se fue sabiendo un poco de él por aquí se lo debemos a Horacio Molina en los 60 y a sus compatriotas más recientemente.
Darnauchans (Montevideo, 1953-2007), directamente, es un enigma para casi todo argentino. Porque nunca estuvo acá, sus discos no fueron editados en nuestro país y, hasta ahora, ni siquiera había tenido intértretes uruguayos que nos permitieran acercarnos a su muy importante obra compositiva.
En agosto del año pasado, el cantautor Fernando Cabrera -otro montevideano que llegó tarde al público argentino pero finalmente se hizo un merecido lugar- fue convocado para hacer un homenaje a estos dos coterráneos que se concretó en el teatro El Galpón de la capital uruguaya, en el 65º aniversario de la creación de la sala. Apenas las canciones crudas, con la voz personal de Cabrera, con su guitarra y con el único acompañamiento, en voces, guitarra y percusión, de Edu Lombardo. Aquella experiencia resultó buena y terminó inmortalizada en un disco que acaba de reeditarse por aquí. Y el cantante, que últimamente viene con cierta regularidad para presentar sus canciones en Buenos Aires y otras ciudades, llegó esta vez para ofrecer el material de este álbum, en La Plata y en la Usina del Arte porteña.
Intensidad
Repertorio difícil, por desconocido y por su densidad. Mateo, ya en los 60, ofrecía melodías con aires "beatle" pero con mucho atrevimiento y ruptura de moldes. Darnauchans, también intenso en lo musical, propone textos que son poesías nada directas y que requieren varias escuchas para ingresar plenamente en ellas.
Con eso se jugó Cabrera y salió triunfante. Con humildad, únicamente hizo un tema propio ("Punto muerto") y sumó "Cuatro pétalos", de su compañero Lombardo dedicado a Los Beatles. El resto fue para los homenajeados, sólo con su eléctrica o con el eficiente respaldo de su invitado, con experimentos muy osados, como el de mezclar "Amigo lindo del alma" con "Canto para mamá, de Mateo, o la versión castellana de "Mariposa", de Darnauchans, con otras piezas apenas un poquito más escuchadas, como "La mama vieja" o "Y hoy te vi". Y contra todo pronóstico, el público festejó la osadía.


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