La semana pasada fue la de mayor volumen promedio diario desde el 11 de junio del año pasado, y el 4,32% que subió el Dow, la tercera mayor suba semanal desde el 24 de julio de 2009, lo que podríamos llamar una semana impresionante. Parte de la respuesta a si lo sucedido se proyectará o no en el futuro depende de las causas que dispararon este rally. Por el lado de los hechos o noticias puntuales, la verdad es que no hubo nada significativo. Podría decirse que el discurso del presidente de la Fed del viernes fue tan importante como el de 2010 (que precedió el QE2), pero lo cierto es que a pesar del 1,21% que ganó en esa jornada el Dow (cerró en 11.284,54 puntos), el promedio apenas recuperó parte de lo perdido el jueves (quedó 36 puntos debajo del cierre del día miércoles, nunca tocó los máximos intradiaros del jueves y a los 10 minutos de distribuir el escrito el Dow se desplomaba 200 unidades para perder un 1,97%, volviendo al terreno neutral recién un hora después de que habló Ben). La realidad es que no sólo hubo mucha menos sustancia que hace un año, sino que las únicas novedades fueron que se extenderá a dos días la reunión del FOMC del 20 de septiembre y cómo se denostó al Congreso acusándolo de los últimos problemas. Más significativa fue la visión de la directora del FMI, reconociendo que estamos en un nuevo escenario y muy cerca de descarrilar la débil recuperación económica. No es que esto le importe demasiado al mercado financiero. Mencionábamos el lunes pasado la sobreventa del mercado y gran optimismo de los administradores institucionales. Con el 3,59% que trepó desde entonces el precio del petróleo (u$s 85,37), el 2,96% que perdió el oro (u$s 1.794,1), los 12 b.p. que sumó la tasa (al 2,188% anual) y el dólar sin cambios (en 73,81 pts.), salvo por el huracán Irene y la lucha en Libia, la situación no cambió radicalmente. A no confiarse.
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