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Bonafini se vio con Aníbal F. por reforma de Madres
No se trató del primero ni del más contundente gesto de respaldo del Gobierno a la titular de Madres. La semana pasada, otras figuras, como Héctor Icazuriaga, jefe de la SIDE, y el secretario de Medios, Juan Manuel Abal Medina, se mostraron, en público, a su lado.
Todo el dispositivo K, de hecho, intervino para despegarla de los desmanejos atribuidos a Sergio Schoklender. Lo hizo Julio De Vido, y ayer, en el Congreso, repitió ese libreto Abel Fatala, subsecretario de Obras Públicas, de extrema cercanía a la dirigente de Derechos Humanos, y Hugo Bontempo, subsecretario de Vivienda (ver Contratapa).
No hubo, todavía, ninguna mención pública por parte de Cristina de Kirchner.
En Gobierno, anoche, indicaron que Fernández la recibió «como amigo», una explicación ambigua: no sólo porque es el jefe de los ministros, y lo hizo en su despacho oficial, sino porque esa aclaración pudo invitar a creer que era un respaldo personal y no oficial.
Bonafini, que el fin de semana rompió el silencio y acusó a los Schoklender de «traidores y estafadores», dedica estos días a reorganizar las tareas en la Fundación, la Universidad de las Madres, la radio y el complejo de la memoria que funciona en la ex ESMA.
Pero, en particular, por la dimensión y los compromisos -se habla de más de 5.000 trabajadores vinculados- de los planes de viviendas de la Misión Sueños Compartidos, donde Schoklender tenía «hipercentralizado» el manejo administrativo y organizativo, secundado por una persona de su confianza: Patricia Alonso.
Trascendió, en estas horas, que Bonafini delegará en su hija Alejandra el manejo de la administración global de las distintas áreas del grupo Madres. «Se volcó, luego de esta experiencia, en alguien de su extrema confianza», se confió ayer desde la Fundación. Una forma de justificar el nepotismo.
Alejandra será, se explicó, la responsable de un proceso de reorganización de todas las áreas en las que integralmente, de acuerdo con los datos que exponía Schoklender antes de ser expulsado, desarrollaban tareas más de 8.500 personas: 6.500 en los programas de obras y 2.000 en los demás emprendimientos.
El diálogo, ayer, con Aníbal Fernández pudo tener que ver con un pedido de Bonafini al jefe de Gabinete para que colabore o la asesore sobre el gerenciamiento de la Fundación tras la salida de los Schoklender, Sergio y Pablo, y al menos 14 personas que luego fueron desplazadas por orden de Bonafini.
Cuando el Gobierno cerró filas en torno a la defensa de Hebe y, en simultáneo, a imputar toda la responsabilidad en Scho, la oposición empezó a mostrar más virulencias en sus críticas contra la Casa Rosada respecto del incidente.
Francisco de Narváez aseguró que la Presidente «tiene que dar explicaciones sobre el escándalo», y uno de sus laderos, José «Pepe» Scioli, planteó que la intención de la Casa Rosada es «meter preso a Schoklender» para señalarlo como «único culpable» y así «tapar todo». Pronosticó, incluso, que la detención se produciría «la semana próxima».


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