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Brasil: más trabas a las golosinas
De todos modos, la preocupación mayor es de las empresas que tienen integradas con Brasil sus líneas de producción, por la posibilidad de que se produzcan medidas «en espejo» por parte del Gobierno argentino. Nestlé, por caso, ya no fabrica chocolates en la Argentina y trae casi todo desde Brasil (salvo los productos más «premium», que vienen de Europa). Con Kraft Foods sucede algo parecido: elaboran localmente las tabletas Cadbury y traen el resto desde el otro lado de la frontera.
La medida de Brasilia se produjo como una obvia represalia a las barreras que viene poniendo la Argentina sobre la entrada de productos brasileños, que van desde automóviles (tema solucionado sólo parcialmente) hasta los mismos tipos de alimentos que ahora no pueden entrar a Brasil.
Castigo
Es un hecho que en Pascuas hubo contenedores repletos de huevos de chocolate brasileños que languidecieron en la Aduana a la espera de una resolución del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, autorizando su ingreso: también hay un problema serio con el calzado y otro no menor con los pequeños electrodomésticos y grandes aparatos de línea blanca.
Como retribución a estas medidas tendientes a morigerar el importante déficit comercial que tiene la Argentina respecto de Brasil, el castigo recayó -por ahora- sobre las galletitas -que no tienen casi intercambio bilateral: son demasiado livianas, ocupan mucho volumen y tienen escaso valor agregado- y los chocolates.
Cabe recordar que Brasil acumula 75 meses consecutivos (más de seis años) de superávit comercial sobre la Argentina, pese a un real sobrevaluado respecto del peso. De ahí la preocupación que comenzaron a expresar los dirigentes industriales sobre los efectos que tendría sobre la economía argentina una posible devaluación del real.
Arcor, la principal empresa alimentaria argentina, que además es líder justamente en las líneas de productos que Brasil bloqueó, sería una de las más afectadas por la barrera que acaba de bajarse en la frontera. Según fuentes del mercado, además, están en plena negociación salarial en su planta de Arroyito (el 12% de su producción va a Brasil) y sus delegados se muestran irreductibles en sus reclamos.
Suspensiones
Lo paradójico es que, de mantenerse la tensión en el vínculo bilateral, Arcor y otras alimentarias en lugar de dar aumentos podrían verse obligadas a suspender parte de su personal. Esto ya sucedió brevemente en la industria automotriz con Fiat y también en la textil, en la que Alpargatas debió enviar a sus casas -por suspensiones o vacaciones- a casi la mitad de sus trabajadores en todo el país.
Fuentes del sector admitieron también que el consumo está cayendo de manera gradual pero sostenida: chocolates, caramelos, bombones, galletitas, alfajores y turrones no son precisamente artículos de primera necesidad y ya se nota una retracción entre los consumidores. Esto imposibilitaría destinar al mercado interno lo que Brasil deje de comprar.
Las empresas en cambio reconocen que Moreno no les está impidiendo ingresar insumos clave, algunos de ellos provenientes justamente desde Brasil. La Agentina no produce cacao (viene de África), café, coco (desde la India) y otros ingredientes para la industria alimentaria; en caso de producirse restricciones al ingreso -algo que el sector no descarta ni mucho menos- algunas líneas de productos podrían comenzar a faltar y otros directamente desaparecer de los quioscos y las góndolas.


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