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Britten vuelve a escena con su “tuerca” siniestra
Imagen de uno de los ensayos de «Otra vuelta de tuerca» en el Avenida, con dirección musical de André Dos Santos y escénica de María Jaunarena.
La producción cuenta con puesta en escena de María Jaunarena, dirección musical del brasileño radicado en Francia André Dos Santos y un elenco integrado por Macarena Valenzuela, Soledad de la Rosa, Carlos Ullán, Eugenia Fuente, Cecilia Pastawski, Mariana Mederos, Romina Paillasse y Mariano Spagnolo. Dialogamos con los responsables de esta versión:
Periodista: ¿Cuáles fueron las razones para la elección de este título?
María Jaunarena: Fue una propuesta de André Dos Santos que venimos intentando concretar hace más de dos años, escribiendo a la fundación Britten-Pears para obtener un subsidio. Nunca imaginé que iba a terminar llevándolo a cabo yo, pero cuando terminé de leer el libreto dije: «Quiero hacerlo».
André Dos Santos: Fue la primera ópera de Britten que trabajé; me encanta, y además vi que era una de las obras de este autor que más se prestaban para el espacio del Avenida. No lo parece, pero es una ópera cara; necesita muy buenos cantantes y un ensamble de solistas. No se había visto en Buenos Aires en los últimos años, así que era un buen momento.
M. J.: Además en enero se cumplen 100 años del nacimiento de Britten, así que era una manera de homenajearlo. Britten, dentro de lo llamado «contemporáneo», compuso una música posible y atrapante, que hace que uno quede sumido en un laberinto del que no puede salir.
A.D.S.: La música entra en el cerebro no para que uno quede cantando las melodías sino para plasmar la acción física y mental de la ópera.
P.: ¿Qué problemas particulares plantea la realización?
M. J.: Problemas técnicos básicos, como estos ocho cuadros en cada acto continuados con variaciones que requieren fluidez en los cambios de escenografía, porque tienen que ir al ritmo de la música; no se puede esperar a que baje el telón. Las puestas que he visto tienen escenarios rodantes y otras maravillas que, aquí, serán a tracción humana. Otro de los desafíos tiene que ver con que es una obra de teatro, hay una serie de apariciones que tienen que estar sostenidas actoralmente para que tengan sentido.
A.D.S.: Tanto en lo musical como en lo teatral es una obra de interrogaciones, un misterio perpetuo desde el principio hasta el desenlace, no hay ninguna escena que sea un punto final, y eso es fascinante. Lo maravilloso es que haciendo unos pocos cambios respecto de la novela, se logra mantener ese misterio.
M. J.: La novela tiene muchas interpretaciones posibles sobre lo que realmente sucede en esta casa: si es una historia de fantasmas, si la institutriz está loca, si no está loca y no ve a los fantasmas pero trata de justificar la muerte de los chicos. La historia tiene la magnitud de la ambigüedad. Tomás Eloy Martínez dice que en las novelas de James lo no dicho es más importante que lo dicho, eso tiene mucho peso acá. Otra de las críticas virulentas que se hacen en la novela y que Britten toma es la crítica a la rigidez y la moral estricta, taxativa y dicotómica, no sólo es una obra ambigua sino llena de matices, como el personaje de Quint, el más siniestro y más perverso de la obra, es el que tiene los fragmentos más poéticos del libreto, esta concepción de que la vida no es blanca o negra sino que está llena de grises, y hasta dónde se puede forzar taxativamente a un chico, a un inocente por el camino de la verdad. ¿La verdad lleva a la salvación, independientemente de cómo sea obtenida?
P.: ¿Qué aristas presenta el aspecto musical?
A.D.S.: Es interesante porque puede ser una cosa pictórica la idea de Britten de usar un tema de doce notas que haga pensar que es una ópera serialista, pero no tiene nada de eso salvo el tema dodecafónico, y dentro de estas variaciones utiliza un lenguaje más tonal y otro más impresionista sin buscar un solo lenguaje; utiliza la técnica musical para expresar lo que necesita a partir del texto. Y a veces lo que parece melódico no es lo más importante, es el doble discurso, que se usa mucho.
P.: El slogan de esta producción es una cita del libreto que a su vez cita a Yeats: «La ceremonia de inocencia está ahogada». ¿Qué significación tiene para ustedes esta frase?
M. J.: El motivo conductor en la obra de Britten y también en la de James es la inocencia. En este caso es la de un niño, pero en todas las novelas de James es un tema, sea del artista, del niño, del extranjero, del hombre frente a un poder sobrenatural. Ya sólo en la novela hay un doble clivaje que es la inocencia del chico frente al adulto y la del vivo frente al muerto. Y Britten comulga con esa idea de que el inocente no tiene forma de defenderse de la manipulación de un superior, esté vivo o muerto, y la ópera da constantes giros en torno a la corrupción de la inocencia. Mucho más allá de si hay fantasmas o no, lo relevante es el niño, algo que suele ser pasado por alto en la mayoría de los análisis de la obra.
Entrevista de Margarita Pollini


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