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Buenos Aires hizo buen pie en Santos
«El foc del mar» de la compañía española Xarxa Teatre iluminó durante una hora una playa con su vistoso show de fuegos artificiales.
Esa noche -el jueves 2- el ministro porteño compartió el escenario (y citó palabras de Cortázar sobre hombres y puentes) con Danilo Miranda, director regional de la entidad organizadora, Sesc San Pablo, y el titular de la Prefeitura (Alcaldía) de Santos, además de los curadores de la muestra, entre ellos Pepe Bablé, el histórico director del Festival de Cádiz.
A la vista del esplendor de esta muestra, en términos económicos por lo menos, lo primero que hay que explicar es qué es el Sesc. Para hacerlo fácil, digamos que es una organización privada que nuclea a empresas de comercio y servicios, que según una ley brasileña que viene de los años 40, aportan entre el 1 y el 1,5 por ciento del sueldo de cada empleado («no deducibles de esos sueldos», aclara Miranda) para realizaciones de todo tipo, como planes de vivienda, salud, deportes, etcétera. San Pablo y, en menor medida, Rio de Janeiro, eligieron volcar esos fondos a la cultura.
El presupuesto anual del Sesc San Pablo es de 200 millones de reales (alrededor de 115 millones de dólares), cuando el Ministerio de Cultura cuenta con «más o menos 140 millones; por eso mucha gente dice que el Sesc es el verdadero Ministerio de Cultura», dice Miranda. Mucho dinero, evidentemente, que se nota por todos lados: sólo el centro cultural en el que se desarrolla buena parte de «Mirada» es espectacular, y los catálogos, los programas, la papelería en general son un lujo asiático, no sólo para nosotros.
El festival, siempre según el director del Sesc -al que así como no le gusta hablar «portuñol porque es una cosa muy fea», tampoco le gusta ser llamado funcionario: «yo soy un profesional; un empleado», dice. El lujo de los catálogos se explica por la infraestructura que tienen para editar libros de teatro, de arte y otros. El apoyo de Buenos Aires se basó fundamentalmente en los pasajes para todos los elencos, explicó Lombardi.
A propósito del ministro, vino acompañado por una comitiva integrada por la directora del Centro Cultural San Martín, María Victoria Alcaraz; la directora del Polo Circo Gabriela Ricardes, y Valeria Kovadlof en representación de Prodanza. Todas ellas miembros del flamante Consejo de Artes Escénicas de Buenos Aires que preside Kive Staiff, tras dejar la dirección del San Martín en manos de Alberto Ligaluppi, y que tendrá su primera reunión esta semana, según dijo a este diario Ricardes, una joven funcionaria que habla con pasión de poder integrar el viejo circo (el circo a secas) e incluso lo que queda del circo criollo con el nuevo y el contemporáneo, que son cosas distintas.
Lombardi partió el viernes para Barcelona junto con María Victoria Alcaraz para «tratar y cerrar varios acuerdos bilaterales» con esa ciudad, nos dijo ella, pero perdieron el avión y él tuvo que irse solo en el único asiento del único otro vuelo que consiguió. Es que el trayecto San Pablo-Santos, que habitualmente lleva 45 minutos recorrer, estos días puede llevar tres horas y más, poniendo a prueba los nervios del más sereno de los mortales. Acá están de feriado largo porque el martes se celebra en Brasil el Día de la Independencia, y los paulistas (los de el Estado en general) y «paulistanos» (los de la ciudad de San Pablo) vinieron en masa para Santos, ciudad turística por excelencia de la zona.
Linda ciudad Santos, con sus playas rodeadas de jardines cuidados hasta la obsesión, y «tan invadida por la propaganda política, que muchos santistas creen que Mirada es otro político más», bromeó Danilo Miranda. Ahora bien, eso de «invadida de propaganda a los argentinos nos parece otro chiste, ya que para sorpresa nuestra, la propaganda es mucha pero no está pegada en las paredes como estamos acostumbrados y aceptamos con resignación, sino en caballetes sandwichs puestos en las veredas durante el día y recogidos todas las noches.
* Enviada Especial


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