7 de febrero 2011 - 00:00

Cabral canta menos y habla más a sus fieles

Ante un público mucho menos numeroso que en sus mejores épocas, Facundo Cabral casi no canta, sino que cuenta anécdotas y hasta se somete a reportajes en escena, como el que le hizo el viernes Betty Elizalde.
Ante un público mucho menos numeroso que en sus mejores épocas, Facundo Cabral casi no canta, sino que cuenta anécdotas y hasta se somete a reportajes en escena, como el que le hizo el viernes Betty Elizalde.
Actuación de Facundo Cabral (voz, guitarra). Invitada: Bety Elizalde. (Teatro ND/Ateneo; todos los viernes).

La primera tentación es decir que el público le acepta cualquier cosa a Facundo Cabral. Sin embargo, si pensamos en el tiempo y la realidad transcurridos entre aquellos lejanos conciertos en estadios y hasta en la cancha de Ferro y este teatro ND/Ateneo con unas cuantas butacas libres, vemos que no es tan así. Es que con el paso del tiempo, el cantante de voz aguardentosa fue dejando su papel de trovador y entregando todo su espacio a la palabra hablada. Suerte de imaginativo fabulador, de creativo contador de ficción, de muy buen relator de anécdotas verídicas, de profeta pagano, de militante político y pastor «sui generis», su tiempo sobre el escenario -cercano a las dos horas esta vez- tiene mucho de su conocido discurso y poco, muy poco, de su canción; y ya ni siquiera interpreta sus éxitos más resonantes.

Este ciclo de los viernes promete además una curiosidad que comenzó a cumplirse en la primera de las funciones: compartir su trabajo con un periodista o un colega, para dialogar e ir armando así presentaciones diferentes y aparentemente improvisadas. En el caso que nos tocó, con Betty Elizalde, el «recital!, si vale seguir llamándolo asím, fue como un reportaje abierto, donde la locutora y periodista contó sus propias historias personales con Cabral y él fue respondiendo preguntas y recordando anécdotas sobre la marcha. Y tanto fue planteado como una entrevista -desconocemos en cuánto planeada y en cuánto totalmente libre- que hasta se mencionaron cuestiones como la muerte de su esposa y su hija, que no son moneda corriente en sus presentaciones ni en otros reportajes.

Así las cosas entonces: muchas palabras, mejores cuando apela a su muy buena faceta humorística; escasísima música (unos punteos milongueros de guitarra y una lista de piezas que no llega a la media docena con una garganta que le juega una mala pasada en la afinación) y un público que es fiel pero que ya ha dejado de ser tan numeroso.

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