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Cabral canta menos y habla más a sus fieles
Ante un público mucho menos numeroso que en sus mejores épocas, Facundo Cabral casi no canta, sino que cuenta anécdotas y hasta se somete a reportajes en escena, como el que le hizo el viernes Betty Elizalde.
La primera tentación es decir que el público le acepta cualquier cosa a Facundo Cabral. Sin embargo, si pensamos en el tiempo y la realidad transcurridos entre aquellos lejanos conciertos en estadios y hasta en la cancha de Ferro y este teatro ND/Ateneo con unas cuantas butacas libres, vemos que no es tan así. Es que con el paso del tiempo, el cantante de voz aguardentosa fue dejando su papel de trovador y entregando todo su espacio a la palabra hablada. Suerte de imaginativo fabulador, de creativo contador de ficción, de muy buen relator de anécdotas verídicas, de profeta pagano, de militante político y pastor «sui generis», su tiempo sobre el escenario -cercano a las dos horas esta vez- tiene mucho de su conocido discurso y poco, muy poco, de su canción; y ya ni siquiera interpreta sus éxitos más resonantes.
Este ciclo de los viernes promete además una curiosidad que comenzó a cumplirse en la primera de las funciones: compartir su trabajo con un periodista o un colega, para dialogar e ir armando así presentaciones diferentes y aparentemente improvisadas. En el caso que nos tocó, con Betty Elizalde, el «recital!, si vale seguir llamándolo asím, fue como un reportaje abierto, donde la locutora y periodista contó sus propias historias personales con Cabral y él fue respondiendo preguntas y recordando anécdotas sobre la marcha. Y tanto fue planteado como una entrevista -desconocemos en cuánto planeada y en cuánto totalmente libre- que hasta se mencionaron cuestiones como la muerte de su esposa y su hija, que no son moneda corriente en sus presentaciones ni en otros reportajes.
Así las cosas entonces: muchas palabras, mejores cuando apela a su muy buena faceta humorística; escasísima música (unos punteos milongueros de guitarra y una lista de piezas que no llega a la media docena con una garganta que le juega una mala pasada en la afinación) y un público que es fiel pero que ya ha dejado de ser tan numeroso.


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