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Callao al 1000 se convirtió en una cuadra fantasma
Hay siete locales cerrados desde hace años. Los agentes inmobiliarios están intentando reactivar esta cuadra de la ciudad por la que ya pocos caminan.
La historia de esa porción de la avenida Callao se remonta a 2007, cuando el gigante germano-chileno Cencosud, dueño de Jumbo, Easy, Disco y Vea, compró el famoso cine América, por u$s 14 millones, para instalar allí Tiendas París, una cadena que comercializa electrodomésticos, indumentaria y artículos para el hogar. Automáticamente, su principal competidora, Falabella, compró el edificio aledaño donde había un gimnasio y una pinturería. Esta disposición de los locales llevó a una guerra comercial que, por razones económicas y cambios en las estrategias de negocios, dejó a ambas empresas sin realizar inversión en la cuadra. Al poco tiempo, más locales fueron cerrando.
Hoy, la avenida Callao al 1000 (de mano impar) cuenta con siete locales vacíos, sólo dos están en alquiler y sus valores rondan entre los u$s 25 y u$s 40 el metro cuadrado, un precio un poco menor si se lo compara con otras arterias de Buenos Aires como Santa Fe o Cabildo. Es que hasta hace pocos años aquella cuadra estaba totalmente ocupada: allí se ubicaban Frávega -donde próximamente se va a instalar una importante cadena de café- el Restaurante Pipo, el Banco Patagonia, el edificio de la pinturería Rex, el gimnasio en el segundo piso de ese mismo inmueble, el cine América con un garaje subterráneo, el local de ropa Spaceball y la Joyería Tissot, estos dos últimos actualmente en alquiler. De a poco, uno por uno fueron cerrando hasta dejar 70 metros lineales desocupados. «La mayoría de los locales no están en alquiler ni en venta y por ahora no planean ningún tipo de movimiento comercial. Están cerrados porque las empresas dueñas no han decidido qué hacer con ellos», sostuvo la arquitecta Judith Sygal, de la inmobiliaria Toribio Achával.
Los agentes inmobiliarios están acercando propuestas a las empresas propietarias de los locales para poder reactivar esa arteria de la Ciudad. «La principal idea es conseguir una variedad de retailers que tengan un importante poder de concentración», dijo Antonio Ginevra, de la inmobiliaria Aranalfe.
En pocos años, este punto neurálgico de la ciudad dejó atrás su seducción, se volvió misterioso y oscuro. Con el tiempo se empezó a diferenciar de esa otra Callao, la que va desde Las Heras hasta el bajo, una avenida residencial, con comercios para un target calificado como ABC1. Hoy los vecinos esperan que las persianas de Callao y Santa Fe vuelvan a subirse para evitar así que el barrio se desvalorice.


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