El premier griego, Antonis Samaras, estudia con su equipo instrumentar una agresiva campaña publicitaria para explicar a los ciudadanos y convencerlos de la necesidad de producir despidos en el sector público, tal como exige la "troika" (que integran el FMI, el BCE y la Comisión Europea). El Gobierno busca convencer a los griegos que la reestructuración es necesaria independientemente de las demandas de ajuste que hacen los deudores internacionales. Mientras tanto, los sindicatos ya amenazan con volver a las huelgas y protestas a partir del 1 de septiembre, cuando empiecen las clases en las escuelas y universidades.
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