24 de julio 2014 - 16:30

Campañas en revisión por la crisis buitre y el factor default

• TEMA EXTERNO OCUPA AGENDA Y NO DEJA MATICES

Mauricio Macri casó a dos abuelos porteños. Daniel Scioli se reunió con un gobernador amigo, un intendente PJ del conurbano y la UIA. Hermes Binner viajó a Uruguay para verse con el frenteamplista Tabaré Vázquez. Sergio Massa volvió a Tigre para recibir a Fernando Gago y a Gisela Dulko.
Mauricio Macri casó a dos abuelos porteños. Daniel Scioli se reunió con un gobernador amigo, un intendente PJ del conurbano y la UIA. Hermes Binner viajó a Uruguay para verse con el frenteamplista Tabaré Vázquez. Sergio Massa volvió a Tigre para recibir a Fernando Gago y a Gisela Dulko.
Uno revisita el pánico inflacionario; el otro desempolva la cuestión de la seguridad. El opositor preferido de Olivos se pone el traje de casamentero y un anti-K no peronista posa con un candidato foráneo que tiene, a priori, más tibia la chance de ser presidente de su país.

Sergio Massa, Daniel Scioli, Mauricio Macri y Hermes Binner, exponentes del superpoblado pelotón de presidenciables, hacen malabares para poder continuar con sus planes de campaña en medio del monotema que, por estas horas, es la crisis buitre y el riesgo latente de un default que detonará sobre el próximo Gobierno.

De repente, con una sombra densa, el buitres-gate dinamitó los diseños de campaña y puso en revisión todas las estrategias. Como ocurrió en junio y julio con el Mundial, aunque de impacto más profundo e incierto, los campañistas y los candidatos detectan que resulta difícil imponer agenda o plantear escenarios de futuro para los votantes cuando acecha un posible default.

El otro elemento con que se encuentran los candidatos es el formato y el relato. El tema buitre es convencido, al margen de sectores puntuales y reducidos, como un ataque al país y para los dirigentes es difícil tomar una postura pública que pueda traducirse como un respaldo a los tenedores de holdouts, interpretados como especuladores.

Es decir: más allá de pequeñas sutilezas, todos los candidatos se mueven en una autopista discursiva donde casi no hay matices entre la posición de los ultraopositores y los hiperoficialistas.

Daniel Scioli, un equilibrista todoterreno que trata de moverse entre esos dos extremos, ayer encarnó eso: antes de citarse con la UIA, un grupo que dispara críticas a la Casa Rosada, hizo una fortísima defensa de cómo el Gobierno llevó adelante la situación. Al rato, posó junto a Cristina de Kirchner en la apertura de una planta de Yamaha en General Rodríguez.

Pavadas

El gobernador-candidato elogió el modo en que negocia el Gobierno -en el último tiempo dialoga seguido con Axel Kicillof- y, antes de la cita con los industriales (ver página 21), aprovechó para sacarse de encima otro sayo: calificó de "pavadas" los comentarios publicados en la página web de la American Task Force Argentina, grupo de lobby de los fondos buitre, que lo señaló junto con Massa y Macri como "más amistosos con el mercado" y que "quieren negociar" con ellos la deuda.

Tuvo, en paralelo, otras dos tenidas: se reunió con el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, para firmar la adhesión de ese distrito a la Policía Municipal y tuvo un mano a mano con Martín Buzzi, gobernador de Chubut, cacique que salió a jugar la carta Scioli 2015.

El fin de semana, el bonaerense retomará su campaña por el interior con una visita a Tucumán, donde, además de actos y rondas, tiene pautada una cena a solas con el gobernador José Alperovich, uno de los jerarcas del PJ que deslizan malestar con la Casa Rosada -su mujer, Beatriz Rojkés, fue desplazada de la línea de sucesión- y a quien le atribuyen diálogos con Massa.

El tigrense, en tanto, sigue con agenda frenética. Después de convocar a su equipo económico para analizar la situación y emitir un mensaje moderado en el que, como los demás, evitó quedar del lado de los buitres, aunque reclamó responsabilidad a la Casa Rosada, ayer se dedicó a otro rubro más amable: recibió a Fernando Gago, el mediocampista de la Selección nacional, a quien se declaró ciudadano ilustre de Tigre. Gago estuvo junto con su esposa, la tenista Gisela Dulko, que ya había sido distinguida como tal en 2011 por el intendente Massa.

En busca de visibilidad, los demás candidatos trataron de esquivar el tema buitre: Hermes Binner, Julio Cobos y Mauricio Macri. Menos visibilidad, en ese punto, tuvieron otros referentes K como Sergio Urribarri y Florencio Randazzo, que repiten el discurso cristinista.

Mirar afuera

Fuera de esas cuestiones, apenas pueden ensayar acciones periféricas, puro cotillón electoral que pasa casi desapercibido. Binner viajó a Uruguay para alimentar una vieja analogía, incumplida de ese lado del Río de La Plata, de que dos frentes amplios pongan al presidente. Estuvo con Tabaré Vásquez, que marcha a ser electo para volver a gobernador Uruguay.

El temario externo también fue elegido por Macri, que lanzó una campaña para los votantes argentinos que están en el exterior (ver pág. 14) y luego, dedicado a cuestiones locales, de color como ponerse el traje de casamentero para hacer de juez de paz en el casamiento de dos porteños septuagenarios. Macri sigue enfocado en su plan de campaña cálida para producir cercanía con los votantes, la táctica que diseñó su equipo para vencer la resistencia que detectan en los electores: que valoran su gestión, tienen buena imagen del jefe de Gobierno, pero, a la vez, no terminan de entenderlo como un dirigente que se va a hacer cargo de sus propias obligaciones cotidianas.

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