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Lo mejor de estos tres meses en relación a igual período del 2016 podría ser que su carga financiera disminuyó un 55% a $16 millones. Pero aun este dato merece observaciones: debió cubrir su capital de trabajo con la financiación de una de sus vinculadas, la merma obedeció en gran medida a la registración de intereses por compensaciones cuestionadas por la AFIP y esto fue básicamente fruto de su Concurso de Acreedores abierto el 22 de febrero. Para mensurar la importancia de este Concurso basta mencionar que a futuro, nos dice que "sigue manteniendo la confianza en el marco del Concurso Preventivo...", "...y buscará consensuar...", "...alternativas para viabilizar la continuidad operativa". En la faz industrial vemos que en los primeros tres meses del año su planta estuvo en marcha apenas 42 días, entre el 13 de enero y el día posterior al de la apertura concursal, cuando un insólito desperfecto en la refinería dejó al complejo sin materias primas hasta el 31 de marzo. Es así que su producción volumétrica se desplomó 53% en doce meses a 9.000 toneladas (mínimo al menos desde el año 2000) con las ventas desplomándose 59% a 7.000 toneladas (mínimo al menos desde el año 2000). Al pasar al balance la vemos entonces con ingresos 38% inferiores a los de doce meses antes, que le dejan un bruto de $15 millones, 75% inferior al de 2016. Al sumar los gastos resulta un operativo adverso de $11 millones (eran positivos $21 millones en 2016), que tras la carga financiera y la mordida del fisco le dejan un neto de $27.202.292 en contra, más que duplicando lo perdido un año antes. Más allá de lo circunstancial, cierra perdiendo por tonelada vendida u$s243, un máximo desde los contrarios u$s463 de 2001, su patrimonio pasó de negativos u$s592.000 a negativo u$s1,7 millón ahora y las pérdidas acumuladas de equivalentes u$s7,4 millones a u$s24,9 millones
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