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Casa embrujada que los fans del terror apreciarán visitar
Lo más original de «Invocando espíritus» -y lo que la hace recomendable a los fans del género- es la interacción de un adolescente moribundo con los espectros que habitan su casa.
Al mejor estilo de famoso caso de Amytiville, esta película de terror empieza con el supuesto reportaje a una mujer que vivió una espantosa experiencia al mudarse con su familia a una vieja casa en Connecticut. Virginia Madsen es la entrevistada que explica por qué tomó la decisión de alquilar una casa aun sabiendo que tenía una historia más que oscura.
El motivo era la necesidad de mudarse cerca del sanatorio donde su hijo mayor estaba siendo tratado de un cáncer difícil de revertir, por lo que el hallazgo de una casa perfecta para sus necesidades, pero además cotizada a un precio bajísimio y con el primer mes de alquiler gratis, era una oferta que no podía rechazar. Esto a pesar de saber que la casa no sólo había funcionado mucho tiempo como funeraria, sino que había sido objeto de macabros experimentos de espiritismo, magia negra y necro
El género de casa embrujada tiene siempre su eficacia, aun cuando el director y coguionista Peter Corn no hace muchos esfuerzos para presentar su historia -que supuestamente se basa en hechos verídicos- de un modo especialmente original, sobre todo durante la primera mitad de la película, que avanza apoyándose más que nada en lo atmosférico de los excelentes decorados y utilerías siniestras que van encontrando los personajes a medida que habitan el lugar.
Sin embargo, pronto la película ofrece auténticos momentos horripilantes y el clima sombrío se va volviendo más y más oscuro a medida que los distintos miembros de la familia van descubriendo que viven rodeados de espectros. Lo más original del film es la interacción entre el adolescente al borde la muerte (Kyle Gallner) y las presencias sobrenaturales, relación malsana muy bien explicada por el extraño predicador de origen rumano que personifica con su talento habitual Elias Koteas. Estos dos personajes se roban la película, pese a que en la práctica los protagonistas son los padres, Virginia Madsen y Martin Donovan, ambos en una clave actoral demasiado realista, o de docudrama como para funcionar realmente bien en una película de terror.
En cambio, la fotografia, el montaje y sobre todo la música son los rubros que ayudan a recomendarle al fan del género esta nueva visita a los horrores de una casa embrujada, que no será la de Amytiville, pero termina asustando bastante.


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