“Protectora del agüita de la Luna”, una de las obras de una artista que escapa al pintoresquismo.
En un barrio de casitas bajas de Jujuy, la artista Cecilia Espinoza abre su taller y muestra su sorprendente y genuino exotismo. Las pinturas y esculturas comparten la misma vivacidad de los exaltados colores jujeños. Hay una figura femenina que tiene una luna sobre su cabeza y Espinoza describe su historia: "La escultura se titula 'Protectora del agüita de la Luna'. Mi abuela materna, Trinidad, me contó que si la luna creciente aparece inclinada como un cuenquito, es porque va a llover. Toda mi obra esta basada en creencias, mitos y relatos orales que rescato de mi familia y el entorno". Las psicodélicas tonalidades rojas irradian su potente energía, algunas se desplazan sobre el azul o se encienden luminosas o plateadas como la luna.
En el taller de Espinoza abundan las maderas y los materiales de descarte. La estética del objet trouvé tiene en Jujuy una razón de ser que supera el viejo anhelo surrealista del encuentro con lo casual y se vuelve una necesidad. Los materiales, las pinturas, papeles, tienen valores inaccesibles para gran parte de los artistas que viven en la humildad.
Con su sonrisa franca, Espinoza cuenta que la yunga jujeña es más extensa que la selva misionera y que sus personajes tienen los rasgos de un asentamiento guaraní. La artista escapa con su gesto libre, sus colores delirantes y sus personajes de fábula, a la uniformidad de los paisajistas de la Puna y también a los esquemas frecuentes del pintoresquismo y el mainstream dominante de los talleres y escuelas de arte de aquí y de allá.
A.M.Q.
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